Vivimos en tiempos en los que la apuesta por la cantidad parece ser la mejor de las decisiones. Nos llenamos de muchas cosas, materiales e inmateriales: nuestras casas están llenas de objetos que muy probablemente no necesitamos ni utilizamos, nuestras agendas están repletas de compromisos, casi como si tener momentos en los que no hay nada que hacer fuera peor que enfrentar a un terrible monstruo.
Muchas veces vivimos en la confusión y en la dispersión, perdiendo de vista aquello que verdaderamente importa: las prioridades de nuestra vida, los sueños que anhelamos cumplir y las personas que amamos.
Quizás lo hacemos porque nos gusta que nuestra vida sea rica en experiencias o porque no nos sentimos completos sin tener siempre algo que atender. Tal vez pensamos que debemos hacer cada vez más para demostrar nuestro valor; que trabajar sin descanso es una muestra de que estamos llamados a ser los héroes de una historia en la que hay que salvar el mundo sin concederse siquiera una pausa.
O quizás tenemos miedo de enfrentarnos a un silencio incómodo que nos obligaría a mirar de frente a quien muchas veces consideramos nuestro peor enemigo: nosotros mismos.
Así, tarde o temprano, corremos el riesgo de agotarnos física y emocionalmente.
Pero más allá del desgaste existe otro peligro. Por mucho que intentemos abarcarlo todo, podemos terminar sin hacer bien nada. Y, sobre todo, podemos dejar de lado aquello que sí es esencial: lo que nos acerca a nuestros sueños y a la vida que deseamos construir.
Porque, en realidad, cuando tratamos de llenar tanto nuestras vidas con demasiadas personas, actividades o preocupaciones, terminamos dejando muchos vacíos. Quizás hay un sueño que nos acompaña desde la infancia. En algún momento intentamos hacerlo realidad, pero las cosas no salieron como esperábamos. Entonces, por miedo al fracaso, lo abandonamos en lugar de seguir persiguiéndolo.
Tal vez dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y nuestra energía al trabajo. Pasamos horas atendiendo pendientes y nuestra mente queda completamente absorbida por los objetivos profesionales. Ya no nos quedan fuerzas para compartir momentos de calidad con quienes amamos. Escuchamos los problemas que nos confían, pero estamos tan agotados que ni siquiera logramos escucharlos de verdad.
Quizás también estemos tan concentrados en nuestras propias dificultades que no vemos la vida que se mueve a nuestro alrededor. Pensamos que aquello que nos preocupa es lo único que merece atención.
Y muchas veces actuamos como si todo lo que hoy tenemos fuera a permanecer siempre allí. Damos por sentado el amor de quienes nos acompañan, la amistad de quienes siempre encuentran tiempo para nosotros y los sueños que hemos ido postergando más de una vez, olvidando que también requieren de nuestra atención, presencia, compromiso y cuidado. Nos convencemos de que ya habrá tiempo para hacer esa llamada, para escuchar, para agradecer o para intentarlo en otro momento, sin tener demasiada claridad sobre cuándo llegará ese momento.
Nuestra dispersión y nuestra ausencia pueden generar vacíos profundos. Las personas se cansan de ser ignoradas y de estar esperando, y las relaciones que dejamos de cuidar terminan llenándose de distancia y silencios. Los sueños también pierden fuerza cuando los abandonamos durante demasiado tiempo; se cubren de ansiedad, miedo o frustración. Y las oportunidades pasan, a veces sin regresar.
Quizás valdría la pena preguntarnos qué estamos dejando de lado mientras corremos de un lugar a otro. Qué sueño sigue esperando nuestra atención. Qué decisión importante llevamos demasiado tiempo posponiendo. Qué persona querida necesita más de nuestra presencia que de nuestras explicaciones. Y, más importante aún, qué parte de nosotros mismos hemos abandonado mientras atendíamos todo lo demás.
La vida no nos pide estar en todas partes ni hacerlo todo. Nos pide algo mucho más difícil: aprender a distinguir qué merece de verdad nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro amor. Porque los vacíos que dejamos inevitablemente serán ocupados de alguna otra manera.
Más sobre esta sección Más en Coahuila