Todos los mexicanos se supone que debemos saber que don Francisco I. Madero fue quien inició el movimiento revolucionario que derrocó al dictador Porfirio Díaz y cambió de tajo el sistema político mexicano; sin embargo, yo creo que la mayoría desconocemos los pormenores y la secuencia lógica de su venturosa y heroica hazaña.
Para empezar, hay que resaltar que Madero no tenía ninguna necesidad de cambiar el sistema político, ya que tanto él como su familia, gozaban de privilegios sociales y económicos; es por ello que es mucho más meritorio el que don Francisco haya arriesgado, no solamente su fortuna, sino también su bienestar físico, que a la postre, aunque sus ideales triunfaran, le costó la vida al ser traicionado y asesinado por Victoriano Huerta, convirtiéndose en uno de los más importantes mártires mexicanos.
Está claro que Francisco I. Madero fue mentor de toda una ideología revolucionaria, incluyendo en ello a todos los personajes que se sumaron a la contienda armada, como Francisco Villa, Emiliano Zapata, Álvaro Obregón, Venustiano Carranza, entre muchos otros más, pero entonces la pregunta es ¿quiénes fueron los mentores de Madero?
Los libros de historia consignan que no fue su familia directa, ya que el Porfiriato les era muy conveniente tanto a su padre, abuelos y tíos, para su hacienda El Rosario y sus negocios agrícolas, mineros y vitivinícolas, entonces, ¿quiénes fueron los mentores de Francisco I. Madero, aquellos que le motivaron a ir en contra de los intereses incluso de su propia familia?
En mi opinión, por lógica deduzco que fueron los filósofos políticos e ideólogos del liberalismo de la Revolución francesa, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau, quienes llevaron a la práctica el lema de “Liberté, Égalite et Fraternité” (“Libertad, Igualdad y Frater-nidad”) elementos carentes totalmente en el México de Porfirio Díaz, donde imperaba la discriminación, desigualdad, inequidad, falta de libertad de expresión, así como una dura persecución a la oposición política al régimen.
Además, en la época que Francisco I. Madero se encontraba en Francia estudiando, coincide con el periodo precedente a la Primera Guerra Mundial, el cual representa para la tradición y la historia romántica de este país, lo que se le llamó la “Belle Époque”, (“Bella Época”) tiempo de prosperidad económica, expansión colonialista, pujanza financiera, además como nunca antes, el ambiente político e ideológico se abrió con libertad: se promovió el libre pensamiento, la libertad de prensa y la emergencia de nuevas corrientes políticas; progresistas, izquierdistas, radicales y moderados, anarquistas, socialistas y sindicalistas, subieron al escenario electoral o se confrontaron en la calle o en cualquier tablero de la lucha por el poder, la libertad total del pensamiento y de acción.
Todo lo relatado anteriormente me induce a concebir una mentoría colectiva, de contexto, de ambiente, de circunstancias y de actitudes. Por supuesto entonces, un joven idealista como lo era Madero, querría esto para su propia patria, La Bella Época de Francia en México.
Ahora, no solo con ideales y deseos de cambio se germinan las semillas de la insurrección, el contexto negativo que
existía en el país se agudizó en 1905 con una devaluación monetaria del 50% al cambiar de la plata al oro, el respaldo de la moneda mexicana. Posteriormente, la crisis económica mundial de 1907, frenó aún más el desarrollo del país.
Iniciada en Nueva York, fue la primera crisis financiera del capitalista moderno, que provoco la reducción de los precios internacionales de las materias primas impactando las economías de los países menos desarrollados como México.
En nuestro país, la crisis provocó aumento de los precios de los productos alimenticios y las materias primas, desempleo y miseria. La situación económica afectó a las clases altas y medias (hacendados, comerciantes, rancheros e industriales), pero principalmente a las clases bajas, que como siempre resintieron aún más la crisis, agravándose los problemas sociales y políticos. En este mismo año muchas minas y fábricas textiles cerraron y despidieron a sus trabajadores. En el campo, los conflictos se generaron por el deslinde de terrenos baldíos, la colonización, la desamortización de las tierras y el sistema de peonaje. En las zonas urbanas, aumentó el desempleo, la prolongación forzada de la jornada de trabajo, los despidos injustificados y el despotismo de los capataces.
A pesar de la represión y de las prohibiciones, se organizaron importantes huelgas, así como numerosos movimientos de rebeldía campesina. El caldo de cultivo ya se estaba fermentando intensamente, se hacían oír las voces disidentes de los hermanos Jesus, Enrique y Ricardo Flores Magón; los cuatro hermanos Serdán: Aquiles, Máximo, Carmen y Natalia, así como Librado Rivera, Antonio Díaz Soto y Gama, y muchas más.
¿Cómo fue entonces que Francisco I. Madero logró descollar de entre todos ellos? En mi opinión fue el gran éxito que tuvo su libro, La Sucesión Presidencial de 1910.
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