Durante la infancia en mi natal Zaragoza, Coahuila, tuve el privilegio de conocer maestras que no me dieron clases pero que su prestigio hablaba por sí mismo aun después de no estar frente a grupo, como la profesora Bertha Flores Castro, que en aquellos años era directora de la escuela primaria federal 20 de Noviembre; había sido maestra de mi madre en esa misma escuela, era una señorita excepcional, un ser maravilloso que dedicó su vida a la escuela, a sus alumnos y a su familia, pero nunca se casó; ésta es una característica que predominó durante mucho tiempo en la enseñanza, así eran las maestras de antes.
Por algún motivo no escrito, las maestras no se casaban, y se les exigía una serie de cualidades casi sobrehumanas, que ellas cumplían al pie de la letra por amor a su loable profesión, la de educar; por lo cual pienso que mucho de la buena imagen y respeto que se tenía por los docentes se debía en gran parte a esos sacrificios, pregonaban con la enseñanza espejo, sin saberlo a ciencia cierta nuestros profesores de la vieja guardia, como muchas veces se les llama, acababan formando excelentes profesionistas con valores y un alto sentido del deber.
El descubrimiento de las neuronas espejo (Rizzolatti 1996) vino a cerrar el círculo sobre el secreto que hacía a los maestros de antes tan admirables, éstas se activan con la observación de una conducta determinada de tipo procedimental, la persona adquiere el conocimiento al momento de ver como se realiza una conducta, en ese instante las neuronas espejo se activan y realizan el proceso cognitivo como si el observador hubiese ejecutado la acción misma, estas neuronas son las que desarrollan las capacidades relativas a la vida social, como la empatía, la interacción y la capacidad de comunicación, entre otras; por eso, los profesores de antaño enseñaban no sólo conocimientos, sino que forjaban a las nuevas generaciones con el ejemplo, hacían lo que pregonaban, integridad, respeto, honestidad y amor por su carrera.
Hoy, la docencia está envuelta en un mar de complejidad, los maestros tenemos que reinventarnos por lo menos cada sexenio con la reforma educativa en turno, pero lo más alarmante es, que además, hay que involucionar de un semestre a otro, las técnicas de enseñanza que funcionan con una generación son completamente inútiles con la siguiente y viceversa, eso, sin contar con que los millennials menosprecian cuanto esfuerzo se hace por parte de los docentes para realizar una tarea digna.
Hace 6 meses, nos encontrábamos conversando en el coffee break de una conferencia interamericana con compañeros docentes de otros países, sobre la problemática de ser maestro de universidad en estos tiempos, obviamente, concluimos que permea a todos los niveles educativos no solo a la educación superior; uno de los presentes le preguntó a una de las compañeras, ¿ustedes en Ecuador también tienen el mismo problema, sus estudiantes también son generación de cristal como aquí? A lo que la doctora en filosofía y letras le contestó, que ella también veía esa misma problemática, además, señaló que en su país era un problema más grave que en México, porque allá había alcanzado las altas esferas del gobierno.
En esa misma conversación, salió a relucir una anécdota de Miguel Carbonell, quien a manera de chascarrillo había compartido en una de sus ponencias, la penosa experiencia de que sus propios estudiantes lo habían amenazado con hacerle una manifestación por dejarles de tarea leer un artículo, cuando en otros tiempos se tenía que leer un libro completo y entre risas seguía comentando que le parecía inaudito que se estuvieran quejando por una tarea tan simple.
De hecho, es recurrente escuchar que los estudiantes se quejan amargamente del exceso de tarea, no es bueno generalizar porque siempre hay excepciones a la regla, pero la tendencia es, estudiantes quejándose porque se les encarga tarea, que no quieren aprender, que no saben estudiar y que no valoran los esfuerzos de sus maestros; lo que en otros tiempos sería increíble hoy se plantea, no encargar ni una sola tarea.
Pero, ¿porque la generación actual de estudiantes parece de cristal?, sencillamente porque muestran una gran apatía por el aprendizaje, tanto que la docencia se encuentra en declive, infravalorada en todos los aspectos, por ello es preciso reconocer que en la actual contingencia sanitaria ocasionada por el coronavirus, el área que más ha sacado la casta, aparte de la médica es, precisamente la de la educación, los maestros están en un frente de guerra para librar la batalla contra el cierre de ciclo.
A la vanguardia con estrategias de enseñanza, replanteando todas las planeaciones, para adaptarlas a las herramientas virtuales y conseguir los resultados esperados en cada uno de los estudiantes; los maestros de todos los niveles y estratos de la enseñanza están reinventándose en una verdadera evolución magisterial para prevalecer sobre las secuelas de la pandemia en la educación.
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