A reserva de analizar en otro momento los resultados estadísticos del Informe que se presentó ayer con motivo del primer año de Gobierno de Manolo Jiménez en Coahuila, una vez hayan sido contrastados y verificados, queda la materia política para la interpretación de los hechos y el estado actual de las cosas.
Para ello hay que partir de una premisa: no existe otro político del estado que pueda presumir tanta cercanía con la Presidenta de México, más que el Gobernador.
¿Es relevante lo anterior?
Indiscutiblemente sí, en los tiempos de concentración del poder que se viven.
En la semana que hoy termina el Mandatario estatal difundió dos selfies (imposible mostrar mayor proximidad, así sea ficticia o artificial, en otro formato que no sea éste) con Claudia Sheinbaum. Una el lunes, en Ciudad de México, durante un evento público relacionado con el agua, y otra el viernes, dentro de una camioneta con rumbo a la Región Centro de Coahuila.
¿Qué significa que la Presidenta de la República visite la entidad una semana después de que Luisa y Andy lo hicieran con el emblema de Morena, pero un día antes del Informe de Gobierno de Manolo Jiménez, independientemente de la causa que la haya traído el viernes a la Región Carbonífera (la cual ni lucía urgente ni dejó resultados importantes)?
¿Existe un mensaje implícito? ¿Coincidencias? ¿Se trata de un simple descuido?
Lo dijo Manolo Jiménez el viernes, frente a ella: “Cuente con Coahuila como si fuera una dependencia, una secretaría más de su Gobierno” (acotado lo anterior, claro está, a la relación en torno a proyectos específicos; no es un cheque en blanco para que haga con el estado lo que desea, desde luego).
Más “Claudista” que Claudia.
Inescrutable (al día de hoy la pregunta sigue siendo para qué quiere el poder, siendo la titular del Ejecutivo más poderosa de los últimos 42 años), la Presidenta no da señales. No por lo menos las que desearían recibir de ella sus acólitos como líder del movimiento que recibió el bastón de mando transexenal.
Por ello quienes se identifican en Coahuila con eso que llaman 4T, no saben en este momento si deben morder, ladrar, o simplemente mover la cola. No tienen claro qué hacer. Desconocen a cabalidad si la relación de La Científica con Manolo es real, o si ella participa en la misma de mutuo acuerdo; entre la clase política (es un decir, pues lo que menos tienen es clase y lo que menos practican es política) permea por tanto la incertidumbre acerca de cómo actuar en consecuencia para que no les perjudique individualmente un paso en falso, o una salida de tono. Traen el cálculo político desajustado. Están descolocados.
Acostumbrados a seguir la carreta, a no hacer olas, a acomodarse con el viento a favor y acercarse al calorcito, sin mostrar su ideología ni arriesgarse, mucho menos comprometerse, les resulta difícil construir una carrera con miras electorales en ese contexto. Qué agenda propia impulsar.
Si la narrativa oficial es que hay una buena relación política entre la primera autoridad estatal y federal, no atinan a encontrar un espacio por dónde inmiscuirse ahí para generar encono, ni qué ángulos abordar para diferenciarse, o cuál narrativa desplegar para grillar.
Habituados a la confrontación y el choque frontal, a resaltar sólo lo blanco y negro en un mundo donde predomina una escala de grises, están maniatados. No han encontrado el tono, ni una línea argumentativa para desacreditar el trabajo y principalmente la imagen del Gobernador emanado del PRI (en alianza cuasi simbólica con PAN y PRD).
Cortita y al pie
Si Manolo Jiménez fuese boxeador, el primer año de su mandato que ayer concluyó, equivalente a los primeros dos rounds en una pelea pactada a 12 episodios, lo pasó fintando con movimientos de roll y bending para esquivar los de por sí escasos golpes de los oponentes. No lo conectan. Va limpio en las tarjetas de los jueces.
No es poca cosa en la época que se vive.
La última y nos vamos
El primer año, capítulo 1 de 6, ganó la partida con dos proposiciones: rebasó el espectro de polarización política entre derecha e izquierda con un “Pa’delante”, y neutralizó las desavenencias naturales entre institutos políticos al sembrar la idea de que, por lo menos aquí, no hay colores y “el partido se llama Coahuila”.
Faltan 5 años. Veremos si la fórmula sigue siendo útil en ese tiempo, o por lo contrario, se desgasta y hay que cambiar el guión.
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