Manolo Jiménez Salinas tiene futuro.
Y con ello me refiero por supuesto a un futuro promisorio. A menos que surgieran complicaciones extraordinarias, el camino de seres humanos extraordinarios como Manolo está marcado en un plano ascendente, y como reza el lema de su campaña, pa’delante.
¿Por qué se puede asegurar algo así? Porque Manolo ha cimentado su presente con los hechos de su pasado, con su trayectoria intachable, con su gran capacidad para sentirse confortable y hacer sentir de la misma manera a toda la gente que se encuentra a su alrededor, en cualquier ámbito o ambiente, ya sea este social, político, cultural o económico, es como un comodín de la baraja, tiene carta para ganar en cualquiera que sea el juego. La gran mayoría de la gente que lee un periódico está enterada de su trayectoria y pasado, por lo cual no tiene sentido repetirlo en este espacio. Circunscribiéndonos a su presente, a menos que suceda algo extraordinario, Manolo se encuentra a pocos días de ser electo para gobernar Coahuila. ¿Cómo será su función como Gobernador?
Si no sucede algo extraordinario, por lo menos será igual de eficiente y exitosa como lo fue la de Alcalde. ¿Por qué puedo aseverar esto? Porque Manolo aun a su corta edad, es ya un político calado. Tiene muchos años como figura central en todas las actividades en las que ha incursionado, y no se ha vuelto loco de egocentrismo o poder, y sigue caminando firme y natural con los pies en la tierra.
Las metas se pueden dividir en medida de tiempo a corto, mediano y largo plazo, es muy probable que en su adolescencia Manolo haya soñado, o inclusive ya planeado llegar a ser diputado, luego Alcalde y ascender hasta Gobernador, lo que logrará en algunos días más, y luego, ¿Qué sigue?
México es uno de los mejores países del mundo, paradójicamente con muy malos gobernantes, como este espécimen que traemos encima, y que lucha por pasar a la historia como el peor de todos. Después de los robos de miles de millones de pesos en administraciones pasadas, creíamos que ningún escenario podría llegar a ser peor, y sucedió lo extraordinario. Si algo positivo pudiéramos rescatar de este terrorífico sexenio, es que los mexicanos ahora somos muy conscientes del papel de las instituciones, de la importancia y trascendencia del Poder Judicial, de lo peligrosos que pueden resultar esos diputados y senadores anónimos, antes desconocidos por su mediocridad e irrelevancia, y de lo crucial que es para el pueblo de México elegir bien a todos nuestros gobernantes y representantes. Eso los mexicanos ya lo tenemos muy claro, pero entonces, ¿Cuál es el problema? Que casi no hay buenos políticos en México. Y buenos me refiero a que sean buenas personas, no buenos para mentir, robar y traicionar, que es lo que cínicamente se ha puesto de moda en esta Administración, desde arriba ponen el ejemplo y obedientes abajo los súbditos imitan y obedecen.
¿Desde hace cuántos años México no tiene un buen presidente? ¿Es acaso eso tan difícil? ¿Es que no sabemos elegir? ¿O es que no hemos tenido opciones? En nuestra muy reciente democracia, ahora rápida y totalmente arruinada, no ha habido un solo perfil de candidato que pudiéramos calificar como extraordinario, o sea más allá de los políticos ordinarios que habitualmente escalan puestos gracias a su servilismo e incondicional sometimiento a sus jefes, hasta que llegan al poder. Ya es hora de un gran cambio, México requiere urgentemente de líderes extraordinarios, de mujeres y hombres de a verdad, que de verdad quieran a su pueblo y por ello logran que su pueblo los quiera al terminar su mandato, y pueden andar solos por las calles recibiendo muestras de respeto y cariño sin temor a ser ofendidos o hasta vapuleados por sus malos manejos. Yo he conocido muchos políticos, desde diputados locales hasta presidentes de la República, y sólo me he topado con 2 de esos líderes y gobernantes reales, que se ganan cariño y respeto de amplio espectro, de largo plazo, que les va a alcanzar hasta que se mueran y serán siempre bien recordados. Uno de ellos es Miguel Márquez Márquez, exgobernador panista de Guanajuato, y el otro es Enrique Martínez y Martínez. A ambos los he acompañado solos, sin guaruras ni compadres, y he visto como por donde pasan recogen el agradecimiento y el amor de su pueblo, que vale infinitamente mas que todos los miles de millones que otros se logran robar, esos pobres millonarios políticos de oficio.
Enrique Martínez y Martínez debió haber sido Presidente de México, y hubiera sido uno de los mejores sin lugar a dudas, pero el nefasto sistema se lo impidió, precisamente por eso, por ser bueno y no prestarse a componendas, eso es lo trágico que a los mexicanos nos sucede, que los que llegan, para escalar a la cima del poder, tienen que saber hacer uso de malas mañas y peores entrañas, por eso los líderes buenos no pueden competir en este sistema, que los ciudadanos urgentemente debemos cambiar.
Coahuila le ha ofrendado 5 presidentes a México, todos ellos fueron hombres probos y gobernaron en circunstancias difíciles y peligrosas, como precisamente esta nuestro país ahora, y peor que se va a poner. Pase lo que pase el año que entra, el 2030 ya se avizora polarizado, competido y tramposo, y está muy flaca y corrupta, como le dicen, la caballada, no hay ni un solo líder, solo políticos ordinarios.
Manolo ya lo hizo muy bien en Saltillo, asimismo lo hará en Coahuila, ¿En su futuro que sigue? Yo creo que, si no sucede antes, en el 2030, en México, hay que luchar por hacer que pase algo extraordinario.
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