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Coahuila

Manolo se brinca las trancas

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 3 años

En nuestro campo mexicano tenemos muchos refranes, y varios de ellos se relacionan con el título de esta columna y el hecho de “brincarse las trancas”, que tiene como inmediata consecuencia el “ir más alla” de lo habitual, lo cómodo, lo normal, lo común, lo lógico, o más drásticamente aun, lo permitido. La palabra tranca proviene del latín truncus, que define al tronco de un árbol, y que al ser utilizado este para servir de soporte a una puerta o ventana, se deriva el término de atrancar, obstaculizar el flujo natural de algo o de alguien. En los ranchos ganaderos, para contener a los animales en espacios restringidos, se utilizan bardas, cercas o vallas de distintos materiales, madera, adobe, piedra, alambre, etc. A estos obstáculos coloquialmente se les denomina trancas, en ocasiones algunos animales se “brincan las trancas” en busca de agua o mejores pastos, o cuando están separados de las hembras algunos machos se brincan las trancas en su búsqueda, o simplemente algunos lo hacen por el deseo de explorar en busca de nuevos horizontes, de ir más allá de lo conocido.

En el Vocabulario Campesino Nacional, publicado por el Instituto Mexicano de Investigaciones Lingüísticas en 1935, exponen este refrán: “Estando lleno el pesebre, no hay que brincar las trancas” y lo interpretan aduciendo a “que no hay que realizar acciones extraordinarias sin necesidad”. En otras palabras o en otro sentido, se refiere a que no es necesario esforzarse si aparentemente se tiene todo lo que se necesita, o si se lleva la ventaja en una contienda, o juego, o a lo que este espacio me compete el día de hoy, una elección.

Manolo Jiménez Salinas podría conformarse con la ventaja de varios puntos que las encuestas le brindan sobre los demás candidatos a Gobernador de Coahuila, sin embargo, como él mismo repite continuamente, “vamos a ganar, pero no hay que confiarse”, y estas palabras las lleva a la acción y a los hechos. En su inicio de campaña, ayer domingo 2 de abril, a las 0:00 horas, a punto de iniciar el nuevo día, el pesebre estaba lleno, Manolo tenía la “plaza llena”, primer acierto y satisfacción de un organizador de eventos, artista, deportista, o en este caso, político. El lienzo charro de nuestro grandemente admirado y querido don Macario González estaba lleno a reventar. Cuando yo iba llegando a este sitio, –una media hora antes de que iniciara la campaña de Manolo–, asombrado observé que mucha gente se regresaba del inmueble, y cuando le pregunté a alguien qué estaba ocurriendo, sencillamente me contestó, “está lleno”. A mí me dio mucho gusto oír esas palabras, llenar un espacio público significa que quien convoca a la gente tiene arrastre, provoca expectativas, expectación, y tiene algo qué decir o mostrar que la gente quiere oír o ver. Efectivamente, cuando llegué a la estructura del lienzo las puertas de acceso estaban cerradas y había muchísima gente pretendiendo entrar; volví a sentir jubilo al ver juntos de nuevo los diferentes colores impresos en las banderas y camisetas representativas de los partidos políticos del PRI, el PAN y el PRD, juntos en una causa común, en una misma lucha reunidos como aliados. Saludé a muchos amigos ahí afuera, algunos molestos porque no podían entrar, a los que yo intentaba calmar diciéndoles que si podíamos escuchar lo que se exclamaba en los discursos era suficiente. Al cabo de un tiempo, cuando la presión se disipó, se abrieron algunas puertas, logré entrar y no me dirigí al ruedo, sino a las gradas altas del lienzo, para palpar el ambiente que se vivía en diferentes contextos. Manolo ya había finalizado su discurso y mensaje, y se encontraba saludando a las personas que abarrotaban el ruedo, en este lugar se habían elevado tarimas en forma de cruz por las cuales Manolo podía moverse en todas direcciones y las personas tenían fácil acceso para saludarlo y tomarse fotografías, a lo que Manolo accedía pacientemente y sonriendo en todo momento. Siguiendo su ejemplo, la gente también con paciencia esperaba el turno para situarse a su lado. Manolo perseveró en esta actividad hasta alrededor de la una de la mañana, cuando intempestivamente, al llegar a una de las orillas de la tarima en cruz, con agilidad y audacia, ¡se brinco las trancas y se subió a las gradas¡

Manolo fue más allá de lo necesario, de lo normal, de lo formal y aparentemente correcto, se brincó las trancas, rompió paradigmas y formulismos, y en lugar de esperar a que la gente fuera hasta donde él estaba, decidió brincarse las trancas y acudir a saludar a quienes les era más difícil el acceso a su persona, convivió estrechamente con gente que tal vez nunca hubieran tenido la oportunidad de estrechar su mano, decirle unas palabras o guardar ese recuerdo en la imagen de una fotografía.

En una época en la que el Gobierno federal, –y por imitación o mandato, la mayoría de los gobiernos estatales–, no solo no van para adelante, sino literalmente van para atrás en su filosofía, esencia y formas regresivas de gobernar, ¡Manolo respalda con ese gesto de “brincarse las trancas” sus lemas de campaña y plan de Gobierno, su convicción de ser “echado pa delante”, su intención de actuar de forma innovadora, propositiva, constructiva, propiciando los cambios necesarios, y trascendiendo todos los obstáculos, para hacer de Coahuila, todavía un mejor lugar para vivir!

 

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