Coahuila
Hace 4 años
Ala memoria de don Braulio Cárdenas, el señor Gilberto Recio, don Humberto Castilla, Nicolás Saade y otros grandes impulsores del patronato de Bomberos de Saltillo.
¿Quién inventó a los bomberos? , me preguntó mi bisnieta Irlanda. De momento no supe qué contestarle y se me ocurrió decirle, más que un invento es la vocación y el deseo de servir a los demás mediante un oficio heroico hasta la muerte si es preciso, para sofocar un incendio o cubrir otro tipo de incidentes, algunos sumamente peligrosos.
¡Cómo nace un bombero, por vocación o por gusto o por el deseo de servir a los demás desinteresadamente?
Creo que en estas tres facetas cabe Marco Antonio Hernández Mireles, quien siendo un niño de 8 años de edad quiso ser bombero o paramédico. Él veía pasar por su casa los rudimentarios carros de Bomberos de antes, propiedad de las empresas Cinsa y Harvester, que además de utilizarlos dentro de las factorías, daban servicio al público.
El niño quería subir a una de esas unidades y saberlas manejar y servir a la comunidad, pero no todo era fantasía, sino “un clavo” que se le quedó en la cabeza para siempre, ¡Quería ser bombero!, sin saber a ciencia cierta cómo había que prepararse.
Y a los 15 años comenzó a trabajar, tal vez no en el área de mayor exposición al fuego, pero sí de gran responsabilidad, el encargado de la radio del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, en el turno de noche. Asistía a la Prepa Nocturna Doctor Mariano Narváez y de ahí a pie hasta la colonia Virreyes para cumplir con su
cometido.
Fue tanta su aplicación que aprendió los secretos de un apagafuegos siendo un casi niño de 15 años y un mes. La oficina de Prevención y Control de Incendios de la Presidencia Municipal de Saltillo, estableció un curso a cargo del comandante Abel Sandoval el operativo para voluntarios de autoservicio, Radio Brigada, Comandos, Radio Civil que daban atención de alguna manera a incidentes en la ciudad.
Antes en la Secundaria número 28 de la Colonia González, ingresó al curso de electricidad y al manejo de extintores y formó para de la brigada contra incendios de la escuela.
El 6 de noviembre de 1982 lo invitan a participar ya como empleado del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, como operador de radio en el turno nocturno, bajo las órdenes del teniente Jesús González
Martínez.
Lo primero que plasmó en su mente, fue la integridad, la disciplina, el orden, la unidad, el respeto mutuo cuidándose entre todos, lo que lo llevó a establecer un compromiso con él y la confirmación de ser un Bombero en toda la extensión de la palabra.
La plaza de radio operador se la otorgó el primer capitán de los bomberos de Saltillo, el teniente del Ejército Mexicano Alberto Madrigal Uribe.
Con el tiempo subió al carro apagafuegos como bombero, luego fue paramédico, chofer o maquinista, teniente, capitán, segundo comandante y posteriormente director de Protección Civil y Bomberos, comisionado en Ramos Arizpe, Coahuila; después el puesto máximo, el de jefe de Bomberos en Saltillo, donde cumplió sus 31 años en activo y muy joven se jubila con toda las de la ley, para dedicarse a una empresa de su propiedad.
Él aprendió de sus compañeros mayores, a quienes tiene mucho respeto y agradecimiento, y en pago a esos valiosos conocimientos él se dedicó a enseñar a otros jóvenes en este noble oficio de servicio a la humanidad. Además se capacitó para ser maestro de bomberos, dando servicio para dependencias oficiales tanto de la esfera estatal, como la federal, e instructor de bomberos internacional en la Bryan, en una escuela que es una extensión de la Universidad de Texas, donde se capacita a personal de la Armada, la Marina y empleados petroleros de la Unión Americana.
¿Algunos de tus hijos siguieron tu carrera?
“Una de mis hijas es para médica activa en la Cruz Roja de Saltillo, otra en el área de seguridad y mi hijo a la ingeniería”
Su origen, cartero.
Marco Antonio y uno de sus hermanos siguieron la tradición del oficio de su señor padre, don Antonio Hernández; fueron carteros de aquellos famosos empleados uniformados, con su clásico quepis y su “pichonera” al hombro, así se le dice a la enorme mochila donde los empleados postales guardan muy celosamente el reparto diario de cartas, paquetes y recibos.
Dieciséis años de su vida combinó el trabajo de cartero con el de bombero y a veces era taxista. Además se preparó para ser licenciado en Administración de Empresas.
Fundador de subestaciones.
En el año 2003 el alcalde Humberto Moreira Valdés lo invita a ser director de Bomberos en Saltillo y le toca ser testigo de la primera subestación de la colonia Morelos. En 2004 la Estación Poniente de Guayulera, y finalmente inició el proyecto de la Estación Derramadero, que la concluyó Jericó Abramo Masso, y Manolo Salinas entregó la nueva estación por la Calzada Madero donde se ubica la Escuela de Bomberos de la
ciudad.
Cuando él recibió la Estación de Saltillo únicamente había 53 bomberos, cuatro unidades funcionando. Cuando se retira se quedan cinco estaciones de Bomberos y más de 100 elementos en activo, además de unos 80 voluntarios.
“Cuando yo comencé recibía 20 pesos mensuales, como operador de radio, ahora un bombero gana bien, dándole sueldo a nivel de los policías. Mi sueldo no era muy significativo, pues los bomberos no eran valorados, ahora es otro concepto el que se tiene de ellos, la ciudad de Saltillo tiene los bomberos mejor catalogados incluso del país.
El empresario
Ahora Marco Antonio Hernandez Mireles, quien no ha dejado su oficio, tiene una empresa que es ejemplo de confianza, honestidad, servicio y calidad, que se denomina “HB” que significa “Honor a los Bomberos”, Capacitación y Entrenamiento, S.A de C.V. E Integra Consultores, que está a cargo de sus hijas, que se encarga de dar capacitación y asesoría a empresas, en todo lo que es respuesta a emergencias, tramites de protección civil, tramites de la Secretaría del Trabajo y capacitación para el desarrollo humano. Además presta asesoramiento a algunos cuerpos de Bomberos tanto en Coahuila, como Nuevo León y Tamaulipas.
Más sobre esta sección Más en Coahuila