Casi todas las mañanas llegaba una singular mujer con toda la apariencia de algún problema demencial, a la radiodifusora XESJ de las calles Allende y Lerdo de Tejada, en el Centro Histórico de Saltillo. Algunas noches el quicio de la puerta era su recámara, a excepción hecha en el invierno, cuando se resguardaba en las instalaciones de la Cruz Roja por la calle Rayón.
El gerente de la estación era el aún joven licenciado Jorge Ruiz Schubert, quien le ofrecía una taza de café y pan, ella contestaba: ¿No será mucha molestia, licenciado? Siempre cargaba con algunas cobijas y almohadas en un costal, que utilizaba para cubrirse cuando dormía en cualquier portón o donde le dieran oportunidad de pasar la noche. La gente la conocía como “María Liachos”.
El licenciado Ruiz Schubert bromeaba con María, a quien le halagaba su peinado o su vestido, aunque estos en realidad estuvieran desaliñados, arrugados o raídos y ella se sonrojaba, y simplemente encogiendo los hombros decía: ¡Hay licenciado, no licenciado, por favor!
En la estación de radio María recibía buen trato y se le respetaba. Jamás se le agredió y solía refugiarse en dicho edificio cuando la chiquillería, y aún los adultos, la insultaban. Muchas veces se quedó en el pórtico a dormir.
El drama
“María Liachos” fue víctima de un hombre que la embarazó y luego la despojó de su hija, quien terminó la carrera de maestra en la Benemérita Normal de Saltillo, y emprendió viaje para siempre a San José, California, donde murió en 1984, sin saber que su verdadera madre estaba recluida en el Asilo para Ancianos de las calles Hidalgo y Bolívar, en el Centro Histórico de la ciudad.
Ella se llamó Blanca Margarita. Una de sus amigas, desde el jardín de niños hasta la Normal, Marina, dice que ella nunca supo que María era su madre, a pesar de que muchas veces convivió en la vía pública con ella. “María Liachos” tal vez sí sabía que ella era su hija, pero jamás le dijo nada, tuvo temor de hacerle daño, pues su retoño era una señorita de la sociedad saltillense. Blanca Margarita fue adoptada desde que nació por una pareja saltillense.
Tal vez María sufrió la sicosis posparto, que es una enfermedad mental grave que puede ocurrir después del parto y se caracteriza por una pérdida del sentido de la realidad. En la mayoría de los casos tiene cura mediante tratamiento siquiátrico y requiere hospitalización inmediata, pero María no tuvo ese trato. Algunas personas sabían que Blanca Margarita era su hija, porque en una de las escuelas donde estudiaba, algunos compañeros le decían que ella era una recogida. Fue cuando Marina cuestionó a los supuestos padres y estos le dijeron que efectivamente, sus padres biológicos eran “María Tiliches”, y un señor a quien ella, Blanca Margarita, decía tío.
La sangre llama
En varias ocasiones en que María recorría las calles de Saltillo, Blanca Margarita y sus amigas se detenían a platicar con ella. María, aunque reconoció a su hija, nunca se atrevió a mencionárselo, sólo se conformaba con verla y lo hacía con tal ternura que casi ni hablaba y contestaba monosílabos, cuando las muchachas y Blanca Margarita la preguntaban cosas.
Ella era el vivo retrato de su mamá, y quienes la conocieron la recuerdan como una mujer de buen carácter, siempre sonriente, nunca se enojaba y mostraba una sonrisa limpia y pura, además poseía una gran capacidad intelectual. Siempre se distinguió como buena estudiante y mejor profesionista.
¡Maríaaaaa!, le gritaban en la calle los niños y adultos a esta indefensa mujer que, asustada, corría para alejarse de ellos, arrastrando su costal. A veces era tan grande el susto y la zozobra, que la mujer entraba en cólera y les dirigía maldiciones y palabras altisonantes, como para alejarlos, pero al contrario, causaba la risa de ellos.
Le perdimos la huella y la última vez que supimos de ella, ya cansada, se encontraba esperando la muerte en el asilo de ancianos El Buen Pastor.
Su nombre era María de Jesús Ibarra Casas, nació en 1908 en Potrero de Ábrego, municipio de Arteaga, Coahuila; sus padres fueron Santos Ibarra y María Natividad Casas. Cuando murieron sus padres, una tía de nombre Francisca Peña Martínez, parienta de su papá, le ofreció su domicilio. Sorpresivamente quedó en la calle, tuvo a Blanca Margarita con el apellido Rodríguez, tal vez del hombre que la violó.
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