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Coahuila

Más allá del PIB

Por Enrique Martínez y Morales

Hace 2 meses

Cada vez que se publican las cifras del Producto Interno Bruto celebramos o nos preocupamos. Pero hay una pregunta que vale la pena hacernos: ¿el PIB realmente nos dice qué tan bien vive una sociedad?

El PIB mide el valor de los bienes y servicios producidos por una economía durante determinado periodo. Es probablemente el indicador económico más conocido y sigue siendo necesario. El problema comienza cuando pretendemos utilizarlo para medir algo mucho más complejo: nuestro bienestar.

Para empezar, debemos observar el PIB real, descontando el efecto de la inflación. Si una economía produce exactamente lo mismo pero los precios aumentan 10%, su PIB nominal será mayor, aunque nadie tenga más bienes o servicios a su disposición.

También importa el PIB por habitante. India, por ejemplo, tiene una economía aproximadamente siete veces mayor que la de Israel. Sin embargo, el PIB per cápita de India es de alrededor de 2 mil 700 dólares, mientras que el de Israel superó los 54 mil. ¡20 veces más! El tamaño de una economía dice poco sobre cuánto corresponde, en promedio, a cada persona.

Pero incluso el PIB per cápita tiene una enorme limitación: es un promedio. Si una economía crece mucho pero los beneficios se concentran en pocas manos, el indicador puede mejorar sin que una parte importante de la población perciba ese progreso.

Hay además actividades esenciales que prácticamente desaparecen de esta medición. Cocinar en casa, cuidar a los hijos o atender a un adulto mayor no incrementa el PIB. Si contratamos a alguien para hacer exactamente lo mismo, entonces sí.

Algo semejante sucede con el medio ambiente. Una fábrica produce y suma al PIB, aunque contamine un río. Después habrá que gastar para limpiarlo y ese gasto también puede generar actividad económica. En México, los costos por agotamiento de recursos naturales y degradación ambiental equivalieron en 2024 a 4.1% del PIB.

El PIB tampoco distingue entre actividades que deseamos y aquellas que preferiríamos evitar. Reparar los daños provocados por un huracán o construir prisiones genera actividad económica. Todo suma, aunque evidentemente estaríamos mejor de no necesitarlos.

Y quedan fuera muchas cosas difíciles de poner en pesos: la seguridad, la salud, el tiempo libre, la calidad del aire, la convivencia familiar, la confianza entre las personas o simplemente poder caminar tranquilamente por un parque.

Esto no significa que debamos abandonar el PIB. Sería como querer conducir un automóvil sin velocímetro. La velocidad importa, pero nadie manejaría observando solamente ese indicador. También necesitamos saber cuánta gasolina queda, la temperatura del motor y, sobre todo, hacia dónde vamos.

Una economía debe crecer, porque sin crecimiento difícilmente puede generar empleos, ingresos y oportunidades. Pero crecer no puede ser el objetivo final.

El PIB nos dice cuánto produce un país. Para saber cómo vive su gente necesitamos mirar muchas otras cosas. El verdadero progreso no consiste solamente en producir más, sino en lograr que ese crecimiento se traduzca en una vida mejor para todas las personas.

 

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