El 1 de diciembre se cumplirán tres años del arribo de la 4T al poder. Estamos a cuatro meses de llegar formalmente a mitad del sexenio, aunque sabemos que en los hechos empezó cinco meses antes.
Tal vez en algo podrán coincidir tanto conservadores como los más radicales defensores de Andrés Manuel: como que ya llegó la hora de las acciones; como que ya basta de tantas palabras, de tantos “otros datos”, de descalificaciones e insultos. Ya pasaron tres años y los más graves problemas del país siguen ahí, creciendo, en la realidad, muy alejados de ese país alterno que dibuja la retórica “mañanera”.
Van dos ejemplos, solo dos: es de aplaudir esos 300 mil millones de pesos que se destinan anualmente a los 11 programas sociales. Sí, esos apoyos y becas a los sectores más desprotegidos significan, sin duda, un subsidio a la sobrevivencia, pero no han cambiado, en nada, los entornos socioeconómicos y culturales que alimentan la pobreza.
¿No sería prudente que en lugar de ahorrar tanto –vaya, la 4T ahorra hasta en compra de medicamentos– se empezara a invertir para modificar, estructuralmente, esos entornos que mantienen sumidos en la pobreza a los llamados sectores más desprotegidos? De lo contrario, tarde o temprano no habrá dinero suficiente para mantener esos apoyos a la sobrevivencia.
Y el tema de la inseguridad. La realidad nos grita que la política de “abrazos, no balazos” no fue la adecuada. Que eso de atender, en la retórica, las causas profundas de la violencia en lugar de atacar a las bandas delincuenciales, no ha significado ni un solo paso concreto y sólido para lograr esa promesa de pacificar al país.
Sí, Andrés Manuel dice que tiene “otros datos” y que el país está en paz. Pero las propias cifras oficiales de la 4T nos dicen que eso de estar en paz no puede ser más falso. Desde hace tres años se cometen 100 homicidios dolosos en promedio cada día. En diciembre de 2018, se registraron 2 mil 892 asesinatos, y en mayo de este 2021, 2 mil 963. No ha cambiado nada.
Y respecto a las masacres, estas se registran prácticamente cada semana. Andrés Manuel dice que ahora es distinto, que las masacres las comete la delincuencia organizada, pero no el Estado, y que antes sí el Estado era homicida.
Pues desde hace al menos 15 años, la inmensa mayoría de las masacres las comete el crimen organizado, que además de sembrar el terror en ciudades enteras, pues con su actuar impune –hoy, no hace tres o seis años, hoy– exhibe una ausencia total de autoridad y de Gobierno.
A ver, ¿no será ya hora de menos palabras y más acciones concretas? Insisto, estamos a mitad del sexenio y de los maratónicos discursos parece que nomás no pasamos.
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