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Autor Invitado
Publicado el miércoles, 16 de mayo del 2012 a las 21:38
Mérida, Yuc.- Óscar Alfredo Vela Muñoz fue arraigado por 30 días para ser investigado por su probable participación en la brutal muerte de su sobrina de cinco años de edad, en Izamal, a la cual presuntamente ultrajó y después de golpearla con los puños y un madero, le asentó una piedra en la cabeza para matarla.
La Juez Quinto Penal, Marisa Virginia Polanco Sabido, accedió a la solicitud del Ministerio Público para mantener bajo arraigo a este sujeto que dijo contar con 28 años de edad, ser de oficio diseñador gráfico y vivir en el fraccionamiento Francisco de Montejo, en Mérida. También es entrenador de un equipo de futbol amateur de Conkal, de la Liga de Ascenso, donde juega también como portero.
Sobre el individuo pesan los cargos de homicidio calificado y violación equiparada en agravio de la menor Frida Sofía Vela Ruiz, de cinco años de edad, que denunciaron sus progenitores, Héctor Vela Muñoz (hermano del presunto asesino) y Ana Lilia Ruiz Torres, de 30 y 31 años, respectivamente.
El sujeto fue trasladado a los juzgados penales, escoltado por agentes de la Policía Ministerial del Estado encabezados por su director, Marco Antonio Calderón Patrón.
Cuando se le informó que dicha diligencia era para que los agentes tengan tiempo para investigarlo, mencionó que estaba de acuerdo y se negó a hacer algún tipo de comentario más.
De vez en cuando mostraba signos de arrepentimiento, pero se encontraba muy tranquilo.
Como ya se publicó, los sangrientos hechos ocurrieron en una calle del barrio del zorro de Izamal, la madrugada del pasado domingo. Se sabe que la noche del pasado sábado Óscar Alfredo participó en una “fiesta de la mutualista”, en la que se bebió alcohol en grandes cantidades hasta las seis de la mañana del domingo.
En el mismo festejo estuvieron su esposa, Lissie Couoh Ruiz, con la que recientemente se casó, al igual que su hermano Héctor y su cuñada Ana Lilia, padres de la menor asesinada.
Después de la fiesta, cerca del mediodía del domingo la madre de la menor despertó y la estuvo llamando, sin recibir respuesta, hasta que finalmente el tío Óscar Alfredo encontró el cadáver en el fondo del solar en la casa de la abuela paterna, junto a unas matas de plátano.
La “fiesta de la mutualista” es una reunión que acostumbra realizar la familia de la pequeña víctima con los “amigos” que comparten la mutualista, en la cual las bebidas embriagantes corren a raudales.
Al parecer, la menor se durmió desde el sábado y fue levantada de su hamaca por su victimario y llevada al patio, donde, al reconocer a su atacante, opuso resistencia y más al sentirse lastimada en sus partes íntimas, pues su agresor le introdujo los dedos en sus partes nobles, según la necropsia realizada al cadáver.
Para inmovilizarla, su atacante le dio un puñetazo en el rostro y por temor a que llamara a los invitados de la fiesta, la golpeó con un madero y ya tirada en el suelo, le arrojó una piedra de gran tamaño, machacándole la cara y el cráneo. Se sospechó del tío cuando se le vio que tenía abierta la bragueta del pantalón y la camisa manchada de sangre.
Al verse descubierto, alegó que se había manchado con la sangre de su sobrina cuando la levantó y la llevó al interior de la casa, pero la madre dijo que fue ella la que cargó el cuerpo de su hija.
Se supo que el ahora arraigado participó activamente en la “fiesta de la mutualista”, embriagándose hasta las seis de la mañana del domingo, cuando ya todos estaban cansados y decidieron ir a dormir.
A las siete de la mañana, Óscar llevó a su esposa a dormir a su casa y presuntamente retornó al predio donde estaba su hermano Héctor, a fin de cometer este aberrante acto, describen las investigaciones.
La Fiscalía está investigando al detenido en los archivos policíacos para ver si tiene antecedentes penales por abuso sexual. La gente que estaba en los pasillos de los juzgados le endilgó el mote de “El monstruo de Izamal”, al saber de los hechos que se le imputan, además de que no dejaba de hacer comentarios en su contra. En junio de 1981, en Tizimín, fueron asesinados con lujo de sadismo por un psicópta, de entonces 18 años de edad, llamado Héctor González Rivera, dos infantes,José Enrique González González, de 7 años e hijo de conocida familia tizimileña, y José Othón Romero Kauil, de 11 años y de procendencia humilde.
A ambos torturó, violó y asesinó. Los crímines fueron por separado, ya que primero mató a José Enrique, y meses después a José Othón. Para cometer los crímenes, Héctor invitaba a pasar a su casa a los menores, ofreciéndoles golosinas, y ya dentro del predio, aprovechando que no estaban sus padres, sometía a los niños, amarrándolos y atormentándolos.
Fiesta de la mutualista
Machas de sangre
El monstruo de Izamal
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