Arte

Publicado el miércoles, 26 de mayo del 2021 a las 04:01
Saltillo, Coah.- “Si ves que un influencer y un vestido de Valentino van a caer a un precipicio ¿a cuál rescatas?”, se pregunta irónico Antonio González de Cosío, periodista de moda, quien se responde a sí mismo, “bueno, si el vestido es de alta costura, la ropa, porque es irremplazable”.
El diálogo, aunque de su autoría, está dicho originalmente por uno de los personajes que aparecen en Blogger F**cker (Océano, 2021), una thriller cuyos asesinatos suceden entre el glamour preciosista de la alta moda y la redacción enloquecida del mundo editorial.
En medio de ellos está Helena Cortez, directora de Coture, una de las revistas especializadas en moda más influyentes, que busca “más novedad” para atrapar a un público joven y no “a las abuelas” de 30 años. Razón por la cual despiden a Helena, quien funda Étui, desde la que crítica a los influencers “personas sin conocimientos, sin escrúpulos y sin amor por la moda se han apoderado de ella convirtiéndola en una broma, en un mercenarismo absurdo”, como dice el libro, por medio de la columna Bloggerfucker, pero todo da un giro cuando los nombres ahí citados empiezan a aparecer muertos.
Para el autor, quien tiene más de 30 años de trayectoria, este libro nació con un poco de saña, mala onda y “por enojo, porque le tenía mucha rabia a los bloggers, porque cuando era periodista y ellos empezaron a salir, me quitaron trabajo”. Así, el libro es una forma de venganza ante un mundo que ha aceptado, pero que también “invita a la reflexión sobre cómo se percibe a la gente que tiene toda la vida siendo bataclana de la tecla, que se ha hecho en las máquinas de escribir y persiguiendo la noticia, personas que aún existen en el terreno de la moda y que ahora se están perdiendo. Esa es un poco la crítica que hago”.
¿Crítica o ignorancia?
Las sátira va también por la responsabilidad que uno adquiere en el periodismo. Más allá de la pose y la fama, el autor se pregunta ¿hasta dónde la opinión personal de alguien en las redes sociales funciona como una opinión cualificada para valorar algo?, ¿son estos seres, cuyos numerosos seguidores los apoyan, fuentes confiables de información?… ¿asumirán que, quizá, sus mensajes tienen como consecuencia la muerte?
Para el también autor de El Libro del Estilo, la democratización de las redes sociales, el diálogo horizontal se presenta como un arma de doble filo, en el que todos tienen algo que decir, pero no siempre de la mejor manera “sin tener la conciencia, el bagaje y las armas para convertirte en crítico”, como apunta a Zócalo en entrevista.
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Hoy todo mundo tiene una voz, y me parece bien que se exprese, pero debe saber que también se tiene una responsabilidad. Mucha gente está usando su voz de forma irresponsable, porque tener la opción de decir qué te gusta o qué no te gusta, no te vuelve especialista en el tema: ni en arte, moda, ni nada”, señala.
Así, el ganador del Premio Omni a Mejor Cronista de Modas, señala un hecho que afecta no solo al periodismo de moda, sino en general: la inmediatez y la forma en que un medio debe adaptarse al mundo actual.
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Esa inmediatez también tiene que ver con las redes sociales y me parece muy bien que la información esté ahí, pero lo que sucede es que la información por redes sociales no es periodismo serio, sino que debería de ser un complemento, lo malo es que esa banalidad ha suplido a lo otro. Entonces lo que la prensa tiene que hacer es que esa nota que está escribiendo entretenga y capture a esa audiencia.
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Esa es un poco la tesis de mi libro, porque Helena hace un balance: intenta hacer un proyecto editorial, pero al mismo tiempo lo avala y soporta con el contenido digital, ella trata de adaptarse al momento en que está viviendo. Se puede decir que un influencer no sabrá cómo hacer una revista, cómo analizar una colección, y una serie de cosas. Creo que de la misma forma en que la gente mayor tenemos que aprender de los medios digitales, la gente más joven tiene que aprender cómo se hacen las cosas y documentarse para poder erigirse como críticos”, señala.
Fugacidad textil
Lo efímero en la actualidad no solo puede observarse en los medios impresos, sino también en cómo las cosas son deshechables, fugaces de un momento a otro. Entre estas la moda, que siempre ha sido “un reflejo de la cultura y el momento histórico que se vive en cada momento, porque responde a lo que sucede en el mundo”.
Ahora, en cambio, las colecciones por temporadas se ven superadas en demanda y la oferta que intenta complacer al público, ha creado un problema: el fast fashion. Ropa que pierde su utilidad de un momento a otro y termina convirtiéndose en un problema ecológico y ambiental.
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Hoy en día el mensaje es inmediato, pero no la moda. Lo que sucede es que se comienza a convertir en un problema que afecta al mundo de la producción. Muchos diseñadores de casas de moda se han visto afectados económicamente por esto, porque si producen un desfile seis meses atrás, y se vuelve viral, la gente lo toma por viejo porque ya lo tiene muy visto. Esto hace que las casas de moda estén haciendo cosas nuevas todo el tiempo. Y no hay economía que resista eso, pero tampoco a nivel de contaminación ni sostenibilidad. Eso no es sano”, explicó González de Cosío.
A pesar de todo esto Blogger F**ucker es solo una historia para entretener, como apunta su autor, pero que sí presenta personajes que se toman a la moda muy en serio, porque si hay gente que “muere y mata por likes”, también los hay quienes “viven para la moda, que la visten y la usan, y que son gente que vive y mata por la moda”.
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