Coahuila

Publicado el viernes, 10 de mayo del 2024 a las 04:07
Saltillo, Coah.- Para Ana la maternidad está restringida, no tiene la libertad de abrazar y besar a su niña de 7 años cuando le plazca como cualquier mamá, no puede atender las necesidades básicas de su hija, no tiene la oportunidad de festejar cada uno de los logros que vaya teniendo la niña, su tiempo de ser mamá está limitado a pasar unas cuantas horas con ella por semana.
Ana tiene que esperar seis días para abrazar a su niña, tiene que lidiar con la impotencia de no llevarla al doctor cuando se enferma o simplemente de protegerla cuando se siente triste o con miedo.
Sólo unas horas para convivir
Para Ana, maternar se limita a convivir unas horas los domingos con su hija, el resto de la semana la conexión sólo es telefónica, no tiene la oportunidad de contarle un cuento por las noches antes de dormir, de llevarla a la escuela en la mañana o por las tardes a cursos de arte o de gimnasia.
Ana forma parte de 91% de las mujeres que se encuentran privadas de su libertad en uno de los tres centros penitenciarios femeniles que hay en Coahuila y que son madres.
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Es muy triste porque ya son varios años que no estoy con ella, verla crecer sin su mamá pues es muy difícil. Tengo una hija de 7 años, sí ha sido muy difícil el estar yo aquí y que ella me venga a ver a este lugar, duré como un año y medio sin que me la trajeran por cuestiones personales”.
Un gran miedo
Ana relató que ese lapso que duró sin ver a su hija fue el momento más difícil de su vida, un momento que supera incluso cuando le dijeron que estaría en prisión. Su miedo más grande era que su hija la olvidara.
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El lapso que duré sin verla ya me daba miedo que ya no me reconociera, que ya no supiera que yo era su mamá, no está consciente de que estoy aquí, ella piensa que es una escuela, que es como un internado”.
Malas decisiones
Emociones como tristeza, coraje o impotencia son con las que a diario lidia Ana, su fortaleza es su hija, pensar en ella, saber que un día saldrá y estará a su lado todos los días, pero ahora eso es sólo una esperanza.
Una tarea tan simple como hacer un dibujo ubica a Ana en su realidad, ella está lejos de su hija debido a una serie de malas decisiones que tomó, de frecuentar a malas amistades, de rodearse de malas compañías como las describe.
Le cambió la vida
Estar ahí, dice Ana, le ha cambiado la vida, maduró, tiene otro tipo de pensamientos a los que tenía cuando ingresó al Centro, dijo que ve la vida de otra manera, que aprendió la lección.
Ana espera salir pronto y lo primero que hará es ver a su hija, su sueño es que la niña sea una mujer profesionista, fuerte y que se valga por sí misma, señaló que estudiar una carrera es lo mejor que le puede pasar a su hija.
Como Ana, la mayoría de las mujeres que se encuentran privadas de su libertad en un centro penitenciario son madres, madres que tienen un tiempo limitado para ver a sus hijos, madres que no tienen la dicha de ver a sus hijos todos los días, madres que por diferentes circunstancias se encuentran separadas de sus hijos e hijas.
La invade la tristeza
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Hace poco le pidieron unos dibujos y unas fotos de su familia, y me dice ‘mami, ¿qué llevo?’, no tengo fotos recientes, había puras fotos de bebita, me dice que no va a ir a la escuela para no presentar su trabajo”.
Este fue uno de los momentos más tristes para Ana, son cuatro años los que lleva sin maternar libremente, sin restricciones, sin límites; Ana sólo alcanzó a convivir tres años con su pequeña, el resto los ha pasado privada de su libertad.
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