Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el martes, 31 de marzo del 2015 a las 23:14
Saltillo, Coah.- Este monclovense tiene varios años de lucha en el Penal buscando que el homicidio doloso (intencional) por el que está en prisión sea cambiado a homicidio en riña, con el fin de obtener así su libertad.
Reynaldo Castilla Coronado, de 32 años, enfrenta una sentencia de 23 años de cárcel de los que ya lleva cumplidos casi la mitad.
En entrevista, el interno apodado “Rila” comparte su historia.
Nació y creció en una colonia de la periferia de la Capital del Acero, de esas conocidas como “bravas”.
“Fue un 24 de diciembre; estaba tomando con otro compañero en la casa de una muchacha con la que andaba, pero llegaron unos amigos de mi cuñada y nos la hicieron de bronca, y tras una discusión, peleamos”, aseguró.
Cuenta que se desató la riña, en la que Reynaldo y su amigo se enfrentaban a cuatro personas.
“Él me dio con una piedra y además traía un cuchillo, pero yo también llevaba uno porque estábamos preparando la carne asada y lo piqué, pero desgraciadamente falleció”, recuerda con un dejo de arrepentimiento.
Tras los hechos, Reynaldo prefirió entregarse porque acepta que cometió un error y tenía que pagarlo, aunque nunca pensó que iba a terminar en el Cereso.
Cayó en prisión apenas a los 19 años, era la primera vez que estaba tras las rejas, pues no contaba con antecedentes.
Por cómo se dieron los hechos asegura que fue un homicidio en riña, pero lo tipificaron como calificado por haber sido cometido con ventaja; dice que primero le habían dado 10 años de prisión, y luego le subieron la condena a 23, aunque ignora el por qué.
No tiene abogado particular, sólo el de oficio, pero no sabe cómo va su caso. La última vez le negaron un beneficio para irse libre.
Ahora se muestra arrepentido de haber privado de la vida a esa persona, además porque el homicidio destruyó su vida ya que ha perdido muchas cosas.
“Rila” cuenta que la vida en el Penal es dura porque sufre su familia y sufre él; estando aquí, perdió a su padre y a otros miembros de su familia, al tiempo que se queja de que no ha podido conocer a sus sobrinos porque no los dejan entrar.
Pero él no se agüita y está echándole ganas. Cuenta que en libertad era obrero en una fábrica automotriz en Monclova, mientras que en prisión trabaja en la maquiladora Girsa, en la que elabora impermeables.
El interno de figura corpulenta y quien lleva algunos tatuajes en su brazo, comparte que además le gusta la carpintería; dice que aquí, tras las rejas, aprendió a hacer muebles. Además, cursa estudios de preparatoria y parte de su tiempo libre lo utiliza para jugar futbol y basquetbol.
Aquí ha aprendido a valorar a la familia, pues cuando andaba allá afuera no lo hacía, así como a respetar a sus semejantes.
“Considero que me estoy readaptando, para ya llevármela más tranquila, la mera verdad pues aquí está duro. Cuando salga libre quisiera trabajar y formar una familia en Monclova, ayudar a mi madre, además de que tengo muchas ganas de conocer a mis sobrinos, no los conozco”, menciona.
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