Coahuila
Hace 4 años
Varias veces he ido a Cuba y en una de esas ocasiones fue más de diversión que otra cosa. Conocimos La Habana y algunos lugares cercanos como el Valle del Yumurí, un bello paraje de la isla con una llanura que alcanza las 80 hectáreas en su parte más ancha y elevaciones hasta de 150 metros, y en el que se conservan importantes restos arqueológicos y especie vegetal endémica.
Yumurí está ubicado en la provincia de Matanzas, de donde es originaria la legendaria Sonora Matancera y en la cual debutó y fue figura del canto cubano, la no menos famosa Celia Cruz… ¡Azúcar!
De ese valle toma el nombre el Son Yumurí, la primera sonora profesional que tuvo la ciudad de Saltillo, fundada y dirigida por el íbero Daniel Revuelta Alcaraz, inquieto personaje de nuestro tiempo, que además de empleado del Consejo de Salubridad fue fotógrafo, camarógrafo y reportero del canal 7 de Saltillo.
Lupita y yo conocimos hermosos parajes de la Isla de Fidel Castro, como Varadero, con su límpida arena y sus aguas candentes y azules verdosas parecidas a las de Cancún.
Desde luego conocimos La Habana y la pobreza de su gente. En el Castillo del Morro asistimos al clásico cañonazo de cada noche con puntualidad más allá de la exactitud.
No podía faltar nuestra presencia en el cabaret Tropicana, creado en 1939, ubicado en una zona boscosa de Marianao, concretamente en el municipio Playa, centro nocturno al aire libre bajo frondosos árboles, conocido como “un paraíso bajo las estrellas”.
Antes de la dictadura de Fidel Castro era el centro de diversión de los norteamericanos.
El Tropicana se caracteriza por su ballet de bellas morenas, casi desnudas, espectáculos de circo, desde luego cantantes hombres y mujeres de gran fama que trasciende al mundo.
Esa noche, un esbelto rubio cantante de no malos bigotes guiñaba seguidamente durante su actuación su ojo derecho a Lupita mi esposa y yo le decía:
–¡Este güero quiere que te lo lleves a Saltillo!
Y salieron las morenas con sus diminutas tangas, de esas que les dicen “hilo dental”, enseñando de más. Nos tocó en la primera fila y las teníamos casi encima de nosotros. Sus medias se notaban ya viejas y en algunas partes carcomidas por el tiempo y el uso. Sus zapatos despintados, pero ahí estaban dando el espectáculo.
Se me ocurrió decir:
–¡Chico, ahí donde avientes la jeringa es pompi!
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