Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 25 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Con una mueca y cierta vergüenza, se define a sí mismo como el más problemático de su familia. Desde pequeño nunca estuvo de acuerdo con las reglas de su casa, y una vez que alcanzó la adolescencia no tuvo dificultades para convertirse en el dolor más fuerte de cabeza para su familia y sus vecinos.
Parece sentirse orgulloso de eso cuando lo comenta ante los desconocidos, aunque puede tratarse de una advertencia para que ninguno ose retarlo, pensando que lo que más le conviene a la gente es llevar la fiesta en paz con ese personaje que apenas ha cumplido sus 20 años de edad.
Se trata de Jorge Molina, quien hace dos años optó por festejar su mayoría de edad en el Centro de Readaptación Social para varones, y cumplir una sentencia de 11 años con tres meses por los delitos de robo, los cuales aún sigue tomando como una simple travesura.
No obstante, no es la primera vez que se encuentra encerrado en un lugar similar, pues según comenta en otra época permaneció durante una temporada en el centro para menores de edad, en donde su familia lo encerró con el fin de que mejorara su carácter y se ayudara a convertirse en un hombre de provecho, objetivo que no se cumplió.
“Me metieron ahí para ver si me componía, porque ya tenía harta a mi abuela. Ya en mi casa nadie me soportaba, es que sí era muy desmadroso y estuve ahí una temporada, pero no me acuerdo cuando tiempo fue. De todas maneras no me sirvió mucho”, explica él mismo, sin darle mayor importancia a lo que pasaba a su alrededor.
Jorge comenta que siempre ha sido un joven muy violento, y que lo que no le parecía podía arreglarlo a golpes en un solo minuto. No hace alarde de su fuerza ni de que se hiciera su voluntad en cada lugar que pisaba; pero acepta que el valor que menos había practicado en sus años de libertad fue la tolerancia.
Esa se convirtió en una de las causas por las que se encentra cumpliendo una larga sentencia, pues también comenta que siempre ha sido un hombre de palabra, que no le teme a nada y que cumple con lo que se propone, “a veces de juego que los compas te dicen que no te robas esto o no le ganas a algún vato en golpes, yo nunca me echaba para atrás”.
Pero las cosas eran distintas cuando alguno de su familia lo “retaba” para continuar con sus estudios o meterse a trabajar en cualquier parte, para que tuviera al menos algún beneficio y provecho en la vida, pues siempre se negó a cumplir con responsabilidades.
“A veces me iba a la obra con mi carnal, pero era mucho tiempo para tan poquita lana que pagaban. Además era estarle chingando en el sol todo el día y la mera verdad es que a mí me gustaba el dinero fácil, y trabajando no sale tanto como con otras cosas”.
Esas otras cosas le fueron suficientes para el castigo que hoy cumple por los tres robos clasificados como agravados al interior de tres distintas viviendas; “me juntaron dos robos en una sola sentencia, pero el otro robo que traigo me lo procesaron aparte, porque unos estaban en el juzgado uno y otro en el dos”, comenta.
Aun con la vida que llevó durante los últimos años, en donde las drogas y el alcohol también fueron protagonistas, Jorge se ha propuesto una meta, además del cambio que dice estar teniendo con su estancia en el centro penitenciario.
“Conocí a una chava y ya somos novios. Ella se llama Erika y estamos saliendo, y ya estamos viendo si nos casamos cuando yo salga de aquí. Ella me conoce y sabe bien cómo soy yo, pero cree en mí y en que me voy a reformar un día”, dice cuando el gesto de su cara cambia, mientras sus ojos se pierden en el espacio, seguramente pensando en ella.
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