Durante los tres primeros viernes de octubre los temas de esta columna versaron sobre el cáncer de mama en la mujer; para concluir el mes se escribe sobre la oferta de médicos especialistas en esa rama de la medicina, y el trato que reciben sus pacientes. De las más de 70 especialidades y subespecialidades médicas que ofrece el Sistema Nacional de Salud, a través de nosocomios, centros de alta especialidad e institutos de investigación, a los jóvenes universitarios que concluyen el pregrado en las escuelas de Medicina, una de las que menos interesa a los muchachos recién egresados es la que trata con pacientes afectados por el cáncer: la oncología, no es de las favoritas de los galenos debido a factores académicos, sicológicos y quizá también de mercado. La siguiente estadística lo muestra.
En México, en 2017, por cada 100 mil habitantes ejercían la gratificante y noble profesión: 0.71 cirujanos oncológicos; 0.60 oncólogos pediatras; 0.31 médicos oncólogos y 0.29 ginecólogos oncólogos; en contraste con 76.71 médicos neonatólogos y 49.55 pediatras, aunque, cabe aclarar, que su tasa se calculó en función del número de nacimientos y población de 0 a 16 años, respectivamente. (https://www.anmm.org.mx/GMM/2018/n3/GMM_154_3_342-351).
Para dimensionar las cifras anteriores, se recurre al mercado nacional de los aspirantes a participar en las residencias médicas. El dato más reciente obtenido fue el de 2020, año en el cual 44 mil 333 médicos generales concursaron, para encontrar un espacio en las 17 mil 576 plazas que se ofertaron. La asimetría entre oferta y demanda es considerable. De cada 10 candidatos que presentaron el Examen Nacional para Aspirantes a las Residencias Médicas (Enarmónica), solamente cuatro lograron aprobarlo; 60% truncaron sus pretensiones profesionales, tal vez temporalmente con la posibilidad de volver a intentarlo en el corto plazo. (https://www.eleconomista.com.mx/politica/Rechazan-a-60-de-los-médicos)
Históricamente, la demanda por cursar la residencia en alguna especialidad de oncología ha sido relativamente baja. De tal suerte que en 2022, los especialistas en oncología no sobrepasan los 500; cirujanos oncólogos en promedio 750 y radio-oncólogos alrededor de 250; y de todos ellos, más del 45% se concentran en la capital del país. Según datos que dio a conocer el director de docencia del Instituto Nacional de Cancerología, doctor Eduardo Cervera.(https://www.gaceta.unam.mx/carece-mexico-de-los-oncologos-necesarios-para-atender-a-la-poblacion/)
La oferta médica oncológica en Saltillo. Aunque, en la ciudad existen tres escuelas de medicina: dos privadas y la otra pública, al menos en esta última la retícula académica que ofrece, responsable de la formación de los futuros médicos, incluye la asignatura de oncología, que si bien es cierto es de carácter introductorio al conocimiento del cáncer, en opinión de una exalumna que cursó el posgrado en oncología; entre los objetivos de la citada materia aún no se ha contemplado alguno, dirigido a desterrar o al menos diluir los prejuicios, estigmas y mitos que se tienen sobre el cáncer, y que influyen en la conducta del residente o médico cuando trata a un paciente con este tipo de afección, particularmente de aquel que asiste a una institución social, después de haberse sometido a un tratamiento de quimioterapia, en busca de algún fármaco que mejore su neuropatía, hipertensión o cualquier otro quebranto en su salud que padezca, como efecto secundario de los químicos inyectados en sus venas.
Una práctica muy socorrida es dejarlos sentados o acostados por varias horas en el pabellón de urgencias, mientras se les suministra algún tipo de suero o medicamento oral, que reanime al paciente, pero sin que medie la intervención de un especialista en la materia, porque se les considera como enfermos con expectativas de vida muy limitadas, o bien como desahuciados, que no hay mucho que hacer por ellos. En opinión de la oncóloga entrevistada, esa anticultura médica ha prevalecido en el contexto saltillense, y seguirá mientras los profesores de las escuelas de medicina no cambien esa mentalidad en sus alumnos. Con un dejo de tristeza recuerda el “oncobus”, así llamado por los estudiantes de medicina de aquel entonces. Transporte, fletado del IMSS, que se encargaba de llevar de Saltillo a Monterrey, y viceversa, a enfermos, la mayoría mujeres afectadas por cáncer de mama a la Clínica 25 del IMSS, afincada en la Sultana del Norte, a que se sometieran a quimioterapias. Pero, ya de regreso, bajo los efectos de los químicos infiltrados, el periplo se convertía en un incómodo recorrido para los pasajeros, y muchos de ellos terminaban en la Clínica 1 y 2 del Seguro Social de la ciudad.
Durante la década de los 80 y casi hasta los albores del nuevo siglo (XXI), en Saltillo sólo dos médicos oncólogos atendían a la población con problemas de cáncer; uno de ellos consultaba a sus pacientes en la parte subterránea del Hospital Universitario. Eran los doctores Murillo y Adame; en 2023, con casi un millón de habitantes en la ciudad, la oferta no se ha incrementado mucho. Ejercen la profesión: dos especialistas en radioterapia; dos ginecólogos-oncólogos; cinco médicos oncólogos y 12 cirujanos oncólogos.
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