Durante las recientes negociaciones en torno a la revisión formal del T-MEC, las cuales hemos documentado en este espacio en los últimos meses, Washington ha insistido en aumentar el contenido regional, reducir la dependencia asiática, fortalecer las cadenas productivas de Norteamérica y endurecer las reglas de origen. Sin embargo, los datos oficiales publicados el pasado martes por el U.S. Census Bureau y el Bureau of Economic Analysis (BEA) muestran que los estadounidenses continúan comprando muchos productos provenientes de las economías asiáticas. Por lo que, las cifras muestran que la realidad del comercio estadounidense no coincide con el discurso político que prevalece en las negociaciones del T-MEC.
Durante años el debate comercial entre Estados Unidos y China llevó a pensar que reducir la dependencia asiática significaba comprar menos productos de China y, aunque en los últimos años, Estados Unidos ha reducido su déficit comercial con esta economía en particular, hoy sabemos que la dependencia comercial con Asia no ha desaparecido, sino que se ha redistribuido en otras economías que han ganado terreno en el mercado estadounidense.
Las cifras oficiales para el primer semestre de 2026, muestran que China ocupó el cuarto lugar como proveedor de Estados Unidos con 129,319 millones de dólares (mdd), pero aparecieron con mayor fuerza otras economías asiáticas como Taiwán (136,614 mdd); Vietnam (123,193 mdd); Corea del Sur (78,167 mdd); Japón (71,505 mdd); Tailandia (66,866 mdd); India (49,294 mdd); Malasia (39,900 mdd); Indonesia (16,367 mdd) y Singapur (15,678 mdd). Es decir, el comercio estadounidense continúa ampliando su dependencia comercial con Asia diversificándolo dentro del propio continente.
Al sumar las importaciones de Estados Unidos procedentes de estas economías en particular, lo relevante es que China representa apenas el 17.8%, mientras que más de cuatro quintas partes (82.2%) provienen del resto de los países, lo que confirma la creciente diversificación de los proveedores asiáticos de Estados Unidos.
Por otro lado, las cifras son más significativas si las observamos para los socios de T-MEC. Durante el primer semestre de 2026, las importaciones estadounidenses provenientes de las principales diez economías asiáticas sumaron 726,908 mdd, frente a los 298,157 mdd provenientes de México y 200,174 mdd de Canadá. En conjunto, los dos socios del T-MEC le vendieron 498,331 mdd al mercado estadounidense (228,576 mdd menos que las economías asiáticas). En otras palabras, Asia le vendió a Estados Unidos 46% más que México y Canadá juntos.
¿Cómo puede Estados Unidos pedirle a México que reduzca sus compras asiáticas, con el argumento de fortalecer Norteamérica, pero al mismo tiempo ampliar su dependencia comercial con Asia?
Los datos de comercio exterior presentados por el U.S. Census Bureau exponen que las cadenas globales de valor son mucho más complejas que los discursos políticos. La manufactura norteamericana depende en gran manera de insumos y bienes intermedios producidos en Asia. Así que, aunque el objetivo político sea fortalecer la integración regional de Norteamérica, el mercado global muestra que la interdependencia con Asia sigue siendo un componente estructural de la economía estadounidense, y como se ha mencionado en este mismo espacio, también para la economía mexicana.
Estos datos, por lo tanto, exhiben una contradicción entre lo que quiere la administración Trump para el comercio exterior de la región y la realidad de las cadenas globales de valor. La política comercial estadounidense continuará buscando rediseñar las cadenas de suministro de Norteamérica, incluso seguirá pidiendo a México reducir la dependencia de componentes e insumos asiáticos para su producción —como hemos visto en las reuniones bilaterales del T-MEC— pero el mercado responde a la lógica de la eficiencia, la especialización, los costos y la competitividad global.
La geografía del discurso se centra en Norteamérica; la geografía del mercado continúa apuntando hacia Asia.
Más sobre esta sección Más en Coahuila