Este año 2023 es crucial para Coahuila pues el domingo 4 de junio habrá elecciones en nuestro Estado para elegir al próximo Gobernador, y a 27 diputadas y diputados locales. También este año hay elecciones en el Estado de México, y pudiera parecer a los no doctos en el tema que esta Entidad Federativa tan solo es una más de las que conforman nuestra República Mexicana, pero no es así, pues el Estado de México es el que contiene al mayor número de habitantes en el país, y, por lo tanto, al mayor número de votantes. Específicamente son 12 millones 428 mil 472 los que sufragan en ese Estado, y conforman el 13.1% de la lista nominal nacional. Comparativamente nuestro Estado de Coahuila de Zaragoza ocupa el lugar número 15 entre las 32 entidades federativas que conforman nuestra nación, y según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, somos 3,146,771 coahuilenses los que habitamos nuestro querido terruño, más los que nos hayamos acumulado hasta este primer día del año 2023. Según datos del INE de mayo del 2022, el 71.13% de la población tenemos credencial para votar.
Haciendo cuentas con estas cifras, en la calculadora me sale que podríamos votar este 4 de junio 2 millones 234 mil 207 coahuilenses. Somos alrededor de 6 veces menos votantes que en el Estado de México, pero no por eso somos 6 veces menos importantes; ambas entidades serán un termómetro y campo de batalla anticipado de lo que puede suceder en las elecciones presidenciales del 2024. Independientemente de lo que pasa a nivel Estatal, es muy importante y trascendente observar y valorar las reacciones locales como consecuencia de lo que acontece a nivel federal, específicamente las acciones del “Presimiente” y sus cómplices de la 4T.
Al describir de esta manera a estas personas, no lo hago despectiva o peyorativamente, o con desprecio, o simplemente adjetivando porque no tengo otros recursos para argumentar. Estrictamente no acepto que como ciudadano mexicano me presida en el Ejecutivo Federal un individuo que se despierta elucubrando como mentir más y mejor al pueblo de mi país, en cuanto a los del partido de su propiedad, Morena, –con extraordinariamente pocas excepciones– todos ellos son sus cómplices, porque como lo define el diccionario, cómplice es la persona que ayuda a cometer un delito sin tomar parte en su ejecución material, o que participa en él junto con otras personas, o que coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos. Reconozco que el mentir no ha sido una característica exclusiva del Gobierno actual, lamentablemente casi todos los políticos de todos los partidos mienten de una u otra manera, digo casi, porque si existen, aunque pocas, honrosas excepciones.
Ahora se miente como por decreto, como por oficio, no se miente de manera lineal, como antes, mentiras que tal vez se podrían ir sumando para salir de un atolladero. Pero ahora se miente multiplicando a la máxima potencia, las “mentiras al estilo 4T” se multiplican como conejos, como bacterias, como colonias microbianas, como el más virulento de los virus. Las estilo 4T son mentiras al por mayor: hay mentiras en oferta, los morenistas se conducen como si hubiera concursos y premios a la mayor y mejor o peor mentira, mentir se ha convertido en el deporte oficial de Morena, inventan mentiras a la velocidad de la luz, las mentiras de la archicofradía de la 4T, son como los cuerpos celestes que pululan en el universo, incontables e infinitas.
Perdón a los lectores si me dejé llevar emocionado encontrando analogías a las mentiras estilo 4T, y exageré un poco la realidad con algo de sarcasmo e ironía, pero lo que ha estado sucediendo con la novela del plagio de la tesis de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yasmín Esquivel, es un clarísimo ejemplo de cómo la archicofradía 4T miente unida en complicidad, desde el más alto puesto del Presimiente, hasta el peón más alejado en su tablero del Arte de Mentir.
Esta semana he estado atento al desarrollo de la novela, atestiguando cómo los argumentos de la ministra menesterosa (persona que necesita lo que se expresa) de mentiras, han evolucionado desde el complot, la misoginia, y cartas de buena conducta de sus profesores, hasta el extremo de creativamente inventar la fabulosa teoría, de que viajando en el tiempo, el autor de la tesis original, el abogado Edgar Ulises Báez Gutiérrez, se trasladó al futuro, plagió su tesis, regresó al pasado y la presentó un año antes que ella. A ese nivel hemos llegado en nuestro surrealista país, además de la triste y peligrosa polarización entre ricos y pobres que López Obrador ha instigado para sus ambiciosos y perversos propósitos, aunada a muchas otras marcadas diferencias que él y Morena propician y difunden. Ahora estamos polarizados entre los que solo por lógica y sentido común podemos discernir la verdad de lo obvio, y los que pretenden hacer visible lo inexistente, ocultar lo inocultable y defender lo indefendible. La semana que entra me explayaré sobre este tema, contrastándolo con el honorable afán de que la verdad siempre salga a relucir.
Si alguien quiere comparar las 2 tesis, este es el enlace directo al archivo de la UNAM donde las pueden ver, leer y descargar entrando a TESIUNAM – Búsqueda básica, a la dirección: https://tesiunam.dgb.unam.mx y escribiendo ahí los nombres de los protagonistas de la novela “Plagio en la Corte”, Edgar Ulises Báez Gutiérrez y Yasmín Esquivel Mossa
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