El destape sorpresivo de Ricardo Mejía para la Gubernatura y la renuncia de Jorge Luis Morán a la jefatura de la Unidad de Inteligencia Financiera del Estado, una entelequia semejante al Sistema Estatal Anticorrupción, altera la ruta de la sucesión y pone sobre aviso a los círculos del poder. Morán no es un genio, pero conoce los entretelones del moreirato. Inició su carrera como secretario del rector Jaime Isaías Ortiz, cuando la Universidad Autónoma de Coahuila era todavía un hervidero de porros. Más tarde se incorporó al grupo del secretario de Gobierno Raúl Sifuentes —en la aAdministración de Enrique Martínez—, entre cuyos operadores figuraban el ahora gobernador, Miguel Riquelme, el líder del Congreso, Eduardo Olmos, y otros funcionarios de la actual Administración.
Resuelta la sucesión de 2005 en favor de Humberto Moreira, la mayoría de los operadores de Sifuentes chaquetearon para abrazar el moreirato, atraídos por Rubén Moreira, y asegurar su futuro. Pocos permanecieron fieles al jefe de la «Burbuja», entre ellos, José Luis Dovalina, quien fue acosado e incluso detenido por una de las policías siniestras del clan. Ricardo Mejía emigró al estado de Guerrero y luego a Ciudad de México, donde entró en contacto con Andrés Manuel López Obrador, antes de ser Presidente. Experto en espionaje, Morán desempeñó varios cargos y ha estado siempre en el ojo del huracán.
El 17 de septiembre de 2012, durante la gestión de Morán como secretario de Seguridad Pública —nombrado por Rubén Moreira—, 132 reos se evadieron del penal de Piedras Negras. Sergio Aguayo y Jacobo Dayán, investigadores de El Colegio de México, narran al detalle en El Yugo Zeta. Norte de Coahuila 2010-2011, el control ejercido por el cártel en la cárcel fronteriza, las atrocidades cometidas dentro y fuera de las instalaciones y el disimulo de las autoridades en la matanza de Allende de 2011. En un principio supuse que el Gobierno federal había pedido a Riquelme la cabeza de Morán para investigarlo. Pero no, el funcionario dimitió para integrarse al cuadro de operadores de su antiguo compañero de la Burbuja, con vistas a las elecciones del año próximo.
Morán tiene olfato político y guarda secretos del moreirato, valiosos para la oposición. Como hombre del sistema y alcalde sustituto de Torreón, conoce detalles de la compra de terrenos a precio inflado para la nueva Presidencia Municipal y del contrato para modernizar el alumbrado público. Pero como el poder podría cambiar de manos en 2023 y su posición en el Gobierno estatal ya no le brindaba garantías, prefirió cambiar de bando en busca de nuevos horizontes.
El subsecretario de Seguridad Pública se ha rodeado de «burbujos» que antes eran adictos al moreirato y ahora son enemigos declarados de la pandilla. El ejemplo de Morán podrían seguirlo otros funcionarios de la Administración estatal, según se acerque la sucesión y el final del sexenio. El retorno de Mejía al estado con la marea alta y el velamen desplegado, después de 15 años de ausencia por la inquina de los Moreira, no había sido contemplado por el círculo rojo. Hasta el 24 de marzo, el PRI daba por sentado que retendría la Gubernatura otros seis años. Ya han empezado a surgir dudas. En el marco de la Revocatoria de Mandato, el Gobierno federal y Morena movilizaron al estado y demostraron lo que pueden hacer en la elección del 4 de junio de 2023. Mejía ha dado los primeros pasos para volver por los fueros. ¿Lo conseguirá? Pronto lo sabremos.
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