Paseas con discreción frugal, tienes un cometido sagrado, dar de comer y beber sin importar sexo, color o credo. A Genaro Rodríguez Rivas, ‘La Chiva’.
Quien no haya convivido con un mesero no tiene idea de lo que significa la amistad de este tipo de servidores, que son iguales o más atentos sirviendo mesas que en la vida privada.
En mi trajinar por este valle de lágrimas, he conocido a cientos de estos hombres, a quienes hice un poema en un libro de reflexiones Pórtico, donde destaco su labor amplia y bondadosa sin olvidar a los cocineros. A ellos va dedicado este artículo, con un recuerdo muy especial, como un mensaje de Navidad.
Uno de esos personajes de mi barrio el Ojo de Agua, es Genaro Rodríguez Rivas, a quien conocíamos popularmente como “La Chiva”, apodo que le impuso Arturo “El Prieto” Hernández Ramos, otro conocido ser de este conglomerado saltillense.
Era cotidiano ver a don Genaro con su atávica vestimenta: pantalón negro, camisa blanca, moño al cuello y chaleco negro, calzado lustroso, charola en mano y el olor del baño diario, descendiendo la empinada cuesta de la calle de Hidalgo sur, para desplazarse por la ciudad, donde prestaba sus servicios, principalmente en los banquetes. Además, excelente cocinero y organizador de eventos sociales.
Genaro se casó con Lourdes Alvarado Tobías. Durante 60 años han vivido en el Ojo de Agua, con sus nueve hijos: Carlos, Javier, Alfredo, Armando, Lulú, Gloria, Teresita, Marisela, Rosa, y Lolis, a los que sacó adelante con su modesto quehacer. Todos son profesionistas.
Con este recuerdo de don Genaro Rodríguez quiero rendir homenaje a todos los meseros del mundo, principalmente a los de mi barrio el Ojo de Agua del Saltillo, o el Saltillo del Ojo de Agua.
Adalid de mil batallas, tu labor es incansable, sirves al pobre y al rico, tu humildad te hizo grande.
De mi poema dedicado al mesero.
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