Este será el tercer y último artículo que escribo en este espacio sobre el extraordinario libro de don Francisco I. Madero, La Sucesión Presidencial en 1910. Podría seguir escribiendo sobre este portento literario indefinidamente, ya que no solo es importante e interesante lo que he compartido al lector tan solo al transcribir algunos extractos de esta obra, pero mucho más allá de esto, el libro es inagotable en cuanto a las posibilidades concernientes a su análisis encauzado como base para disertaciones históricas, políticas, sociales y humanísticas.
Quien haya leído en columnas pasadas la dedicatoria y el índice referente a los capítulos en los que el libro se divide y subdivide, se dará cuenta de la amplitud y profundidad de los temas que don Francisco aborda.
En este espacio intentaré ahora transcribir algunos extractos donde se pueda palpar la impecable redacción, y la pasión amalgamada con humildad con la que nuestro prócer escribe, y que, aunada a las álgidas circunstancias del momento en las que su libro fue publicado, lo llevaron de inmediato a posicionarse como líder intelectual y fáctico del movimiento revolucionario opuesto a las consecutivas reelecciones del general y presidente Porfirio Díaz, y al sistema político instaurado dictatorialmente por este.
En este primer texto transcrito, es de suma importancia resaltar las pasmosas similitudes entre las circunstancias políticas y del partido en el poder del México de 1910 y el del 2021, observadas desde el punto de vista de un ciudadano común, como lo era en ese momento don Francisco, y que nos deben llevar a la reflexión, y como consecuencia a una decidida acción, a todos los mexicanos que amamos a nuestra patria, he aquí la transcripción: Móviles que me han guiado para escribir este libro.
“Empezaré por exponer la evolución que han sufrido mis ideas a medida que se han desarrollado los acontecimientos derivados del actual régimen político de la República, y en seguida trataré de estudiar con el mayor detenimiento posible, las consecuencias de este régimen, tan funesto para nuestras instituciones.
“Como la inmensa mayoría de nuestros compatriotas vivía tranquilamente dedicado a mis negocios particulares, ocupado en las mil futilezas que hacen el fondo de nuestra vida social, estéril en lo absoluto.
“Por otro lado, consciente de mi poca significación política y social, comprendía que no sería yo el que pudiera iniciar un movimiento salvador, y esperaba tranquilamente el curso natural de los acontecimientos, confiado en lo que todos afirmaban: que al desaparecer de la escena política el señor general Porfirio Díaz, (AMLO) vendría una reacción en favor de los principios democráticos; o bien, que alguno de nuestros pro-hombres (¿quién?) iniciara alguna campaña democrática, para afiliarme en sus banderas.
“La primera esperanza la perdí cuando se instituyó la Vicepresidencia en la República (Candidato de Morena a la Presidencia), pues comprendí que aun desapareciendo el general Díaz, no se verificaría ningún cambio, pues su sucesor sería nombrado por él mismo (sus corcholatas incondicionales), indudablemente entre sus mejores amigos, que tendrán que ser los que más simpaticen con su régimen de Gobierno (dictatorial).
“Sin embargo, la convocatoria para una Convención por el Partido que se llamó en aquellos días nacionalista, hacía esperar que, por lo menos, el candidato a la vicepresidencia, sería nombrado por esa convención. No fue así, y la convocatoria resultó una farsa (consultas), porque después de haber permitido a los delegados que hablaran de sus candidatos con relativa libertad, se les impuso la candidatura oficial del señor Ramón Corral”. (¿Que sucedió con Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado?).
Lo que describe a continuación Madero es lo que estamos viviendo en el México de hoy en cuanto a persecuciones Políticas a los opositores y detractores del régimen:
“El problema se presentaba cada vez más difícil, empezaba a sentirse la falta de esas garantías que nos otorga la Constitución. Algunos amigos míos y yo, llenos de noble indignación, pudimos percibir los fulgores siniestros de aquellas injusticias, que con su luz, alumbraban nuestras llagas, y comprendimos que el sutil veneno invadía lentamente nuestro organismo, y que si no nos esforzábamos en ponerle remedio enérgico y eficaz, pronto nuestro mal sería incurable, y debilitados por él, no tendríamos fuerzas para luchar contra alguna de las huracanadas tempestades que nos amenazan, y estaríamos expuestos a sucumbir al primer soplo del vendaval, peligrando hasta nuestra nacionalidad.
“Una vez que esta convicción echó raíces en nuestra conciencia, comprendimos que era deber de todo ciudadano preocuparse por la cosa pública, y que el temor o el miedo que nos detenía, era quizás infundado; pero seguramente humillante y vergonzoso.
“Por estas razones, nos formamos el propósito de aprovechar la primera oportunidad que se presentara, para unir nuestros esfuerzos a los de nuestros conciudadanos, a fin de principiar la lucha por la reconquista de nuestras libertades”.
Y en este tenor podría yo continuar describiendo analogías entre ese México de ayer y el de hoy, e intentando que el espíritu libre de don Francisco I. Madero, impregnado en las paginas de su libro, pudiera patrióticamente injertarse en los corazones de todos los mexicanos, pero a falta de espacio suficiente y circunstancias adecuadas, los conmino nuevamente a leer el libro entero que se puede descargar gratuitamente en la siguiente dirección de internet: http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1910LSP.pdf
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