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La Jornada
Publicado el sábado, 25 de abril del 2026 a las 23:28
Ciudad de México.- La inteligencia artificial (IA) ya empuja cadenas globales de valor, exportaciones tecnológicas y decisiones de inversión. México no está fuera de esa ola.
El problema es otro: mientras el país gana terreno como proveedor en sectores vinculados a esta tecnología, puertas adentro la adopción sigue rezagada.
El auge de la IA abre una ventana para la economía mexicana, en especial por su integración con América del Norte. Sectores como el de computación y electrónicos han mostrado un dinamismo destacado en exportaciones, impulsados por la creciente demanda de tecnología asociada a estos desarrollos, de acuerdo con un análisis de BBVA Research, el área de análisis económico del banco.
Este posicionamiento, refirió la firma financiera, coloca al país como un eslabón relevante en la cadena tecnológica regional.
Sin embargo, ese avance convive con un rezago estructural: la adopción interna de IA en procesos productivos se mantiene baja. BBVA advierte que esta situación “evidencia una brecha estructural en productividad”.
Exportar tecnología no es lo mismo que usarla
El contraste es claro. Por un lado, la manufactura vinculada a tecnología gana peso en exportaciones. Por otro, empresas en distintos sectores operan con niveles limitados de digitalización. Esta desconexión reduce el impacto potencial de la IA sobre la productividad.
De acuerdo con el análisis de BBVA, México enfrenta una paradoja: forma parte de cadenas de valor que demandan alta sofisticación tecnológica, pero no logra trasladar ese dinamismo hacia su mercado interno. La consecuencia es una economía que crece por integración externa, no por transformación interna.
El rezago no responde a una sola causa. Existen al menos tres frentes que limitan la adopción de inteligencia artificial en el país: infraestructura, digitalización y capital humano.
BBVA señala que los principales retos se concentran precisamente en estos rubros, que condicionan la capacidad del país para incorporar tecnologías avanzadas en su aparato productivo.
Infraestructura y talento, los cuellos de botella
En materia energética, la disponibilidad y calidad del suministro resultan clave para industrias intensivas en tecnología. A esto se suma la necesidad de redes digitales más robustas, capaces de soportar procesos automatizados y manejo de grandes volúmenes de datos.
El otro frente es el talento. La formación de capital humano especializado en tecnologías avanzadas aún no alcanza el ritmo que exige la demanda. Sin perfiles técnicos suficientes, la incorporación de IA en procesos productivos se vuelve más lenta y costosa.
Pese a estos retos, el potencial existe. La cercanía con Estados Unidos, la base manufacturera y la participación en cadenas globales abren espacio para escalar hacia segmentos de mayor valor agregado.
BBVA apunta que las oportunidades radican en el desarrollo de talento y la integración en segmentos de mayor valor agregado dentro de las cadenas tecnológicas.
El desarrollo de talento y la inversión en capacidades tecnológicas pueden permitir que México no solo ensamble o exporte componentes, sino que participe en etapas más complejas del proceso productivo, donde se concentra una mayor generación de valor.
En este sentido, la inteligencia artificial no solo representa una herramienta tecnológica, sino un factor de reconfiguración industrial. Su adopción puede redefinir la competitividad de sectores completos.
El riesgo de quedarse a medio camino
El escenario no es automático. Si la adopción interna no avanza, el país corre el riesgo de consolidarse como proveedor dentro de cadenas tecnológicas sin capturar plenamente sus beneficios.
BBVA reconoce que existe una brecha entre el dinamismo externo y la adopción interna de estas tecnologías, lo que limita su impacto en productividad.
En un entorno donde la competencia se desplaza hacia el uso intensivo de tecnología, la posición relativa de México dependerá menos de su ubicación geográfica y más de su capacidad para integrar estos desarrollos en su economía.
La inteligencia artificial ya forma parte del nuevo mapa productivo global. México tiene un lugar en ese mapa, pero aún no define su profundidad.
La disyuntiva es clara: mantener una inserción basada en ventajas tradicionales o avanzar hacia una integración tecnológica más amplia. En medio, queda una economía que exporta innovación, pero que todavía no la incorpora de forma generalizada.
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