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Coahuila

México mediocre

Por María del Carmen Maqueo Garza

Hace 6 años

Me enviaron un fragmento de cierto programa mexicano de apoyo a emprendedores, que me dio mucho que pensar. Un panel de expertos en distintas áreas actúa como jurado; se les presentan propuestas que buscan apoyos económicos y ellos determinan si los otorgan o no. El emprendimiento del video que vi lo presenta Natalia, una chica muy segura de sí misma, que va preparada para rebatir cualquier argumento. Solicita apoyo económico para ampliar un proyecto que tiene funcionando desde tiempo atrás: Un sitio donde los estudiantes pagan porque les hagan la tarea. El interesado la contacta, ella analiza la solicitud y presenta al cliente varios perfiles de asociados para hacer el trabajo. Del 100% de las ganancias se reparten 7 a 3 entre el colaborador y la fundadora.

Uno a uno los jurados van descartando la posibilidad de apoyar dicho proyecto. Cuestionan a Natalia y por último la llaman a reconsiderar su actuación. Al final ella se retira con las manos vacías, adivinándose en su gesto el propósito de no abandonar su negocio.

El asunto da mucho qué pensar: En primer lugar, para decirlo de manera simbólica, me imagino que es un pequeño brotecito al pie de un árbol robusto y firme. Un árbol llamado corrupción. La normalización de este fenómeno social, que según podemos observar, no ha mermado en absoluto, revela que los mexicanos lanzamos una mirada complaciente a esos pequeños “arreglos” que el ciudadano lleva a cabo frente a la autoridad. En una danza de pesos y centavos se consigue, desde la condonación de una infracción de tráfico hasta la expansión de fortunas personales, que crecen como si les hubieran puesto levadura, de una declaración patrimonial a la siguiente, independientemente de los dichos del partido en el poder. Triste es reconocer que los extranjeros no se equivocan al señalar que “en México todo es posible”, o bien, descubrir, en los argumentos de cintas norteamericanas, que, en sus intentos por huir de la justicia, los delincuentes viajan invariablemente a nuestro país.

Compartí el video más delante y recogí opiniones muy interesantes: Algunas madres o abuelas que tienen chicos en instituciones educativas privadas, reconocen que este fenómeno se presenta con relativa frecuencia, entre los estudiantes de enseñanza media superior y superior. Alguna de ellas señaló un caso particular en que el alumnado amenazó al maestro con conseguir que lo despidieran, si intentaba denunciar hechos como éste.

Gandhi lo ha dicho de una forma muy clara: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. Por desgracia los mexicanos somos indiferentes frente a situaciones que se desvían de la procuración del bien común. Nos hacemos como que no vemos, o callamos, o de alguna manera justificamos lo que, en conciencia, sabemos que está mal. Desconozco la forma habitual cómo reaccionan los jurados del programa televisivo, del cual conozco muy poco, sin embargo, debo decir que, en esta ocasión, estuvieron muy a la altura. Calificaron la propuesta de Natalia como no ética y denegaron su apoyo.

En el fondo sabemos que la base sobre la que se asienta gran parte de los problemas en México radica en la educación. Cifras preocupantes, de 100 niños que ingresan a primaria, 60 la terminan; 45 acaban preparatoria; 21 licenciatura, 4 maestría y 1 doctorado. En ocasiones quienes culminan un posgrado deciden radicar en el extranjero, puesto que en el país no encuentran condiciones laborales acordes con su preparación profesional. Ahora bien, si los chicos universitarios escatiman tareas que apuntalan sus conocimientos, tendremos unos adultos mediocres que no aprovecharon las oportunidades que el estado, o la economía familiar, les concedió.

Retomando una analogía con la naturaleza, la finalidad del proceso educativo es visualizar los problemas de México de forma panorámica, abarcar el bosque y no sólo el árbol en el que se vive. Es conocer el proceso histórico por el cual estamos donde estamos e identificar los distintos escenarios, de acuerdo con cómo actuemos para enfrentar las dificultades que se vayan presentando. La improvisación nunca ha sido una estrategia segura para resolver los problemas, si escatimamos el conocimiento de un ingeniero civil, tendremos edificios mal terminados, puentes inseguros y vialidades peligrosas. En la atención del Covid-19, si escatimamos en la preparación de un médico especialista, se elevarán las tasas de mortalidad. Si los ciudadanos mexicanos no conocemos nuestra historia, no seremos capaces de respetar y salvaguardar los elementos que simbolizan sus luchas y sus victorias. Si crecemos normalizando la corrupción, seguiremos pagando con mediocridad. De nosotros depende el rumbo de la nave

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