¿A dónde va un individuo sin energía? ¿Un individuo? Bueno, ¿a dónde va una sociedad sin energía, es más, a dónde va un país con muy escasas posibilidades de generarla?
La energía juega un papel definitivo en el crecimiento económico de la nación, en la batalla por la conquista de los mercados nacionales o internacionales, en la lucha por la erradicación de la pobreza, en la superación educativa y laboral, pues niños, jóvenes y adultos pueden estudiar o trabajar de noche con acceso a fuentes de información como internet, radio y televisión.
La energía es el “combustible” imprescindible para la conquista del bienestar social y para el progreso del género humano, ya que sin aquella advendría una parálisis total de terribles consecuencias.
¿Quién se imagina un quirófano apagado o un sistema bancario sin poder pagar cheques, entre otros graves daños masivos? Los países desarrollados registran aumentos constantes de consumos energéticos y a la inversa.
En África, Asia y hasta en México, existen localidades sin acceso a la electricidad, es más, hoy en día, mil millones de personas carecen de ella en el mundo, por lo que no es difícil suponer las pavorosas penurias, el atraso y la miseria que devienen de esta severísima limitación para la evolución comunitaria.
No nos engañemos: existe una relación directa y comprobable entre el consumo de energía y la calidad de vida. En las naciones prósperas, las fuentes renovables encabezadas por la energía solar fotovoltaica, la marina, la eólica y el gas, hacen depender más de la mitad de su crecimiento, eso sí, sin envenenar a los consumidores con emisiones de efecto invernadero, tal y como acontece en México al utilizar combustóleo que, además de sucio y tóxico, es absurdamente caro y cancerígeno, un gran enemigo de la salud humana, según las organizaciones mundiales de la salud.
La energía es un bien indispensable en la sociedad actual, puesto que la expansión económica depende de una energía limpia y barata para alcanzar niveles aceptables de competitividad. Unas empresas eficientes energéticamente detonan un acelerado círculo virtuoso: crean empleos, exportan y captan divisas, generan riqueza, pagan impuestos, echan mano de insumos nacionales y crean una voluminosa derrama de beneficios sociales de diferente naturaleza, y, obviamente a la inversa: los apagones y la energía cara y tóxica como la que genera la caótica CFE, paraliza a la nación con efectos devastadores en materia de bienestar y de ánimo social.
El introito energético anterior responde a mi inquietud relativa a una decisión suicida que tal vez ¡horror! podría anunciar AMLO el próximo 16 de septiembre en Palacio Nacional, acompañado por Nicolás Maduro, uno de los escasos tiranos todavía existentes en el siglo 21, un primate incapaz de expresarse salvo por medio de sonidos guturales inentendibles. Otra vergüenza histórica que marcará para siempre a la 4T y a sus militantes.
El Gobierno se ha caracterizado, entre otras variables, por ser un pésimo empresario. Basta con recordar que Pemex está quebrado de punta a punta y adeuda casi 110 millones de dólares, el 7.5% del PIB, para ya ni hablar de CFE, otra vez ¡horror!, asfixiada por la burocracia, la ineficiencia y la corrupción que pagamos los mexicanos.
AMLO tal vez desearía pasar a la historia como el nuevo Lázaro Cárdenas al expropiar ese día la industria eléctrica violando el T-MEC y causando terror entre los inversionistas nacionales y extranjeros.
Las consecuencias económicas serían devastadoras si ante los amparos que seguramente se interpondrían, los ministros de la Corte no votaran cuando menos 8 en contra del temerario decreto expropiatorio que mandaría a México a la edad de las tinieblas.
Deseo estar rotundamente equivocado y que el discurso de AMLO en palacio, en compañía de un antropoide, no se trate más que de otra arenga pendenciera y jactanciosa.
PD: los chilenos defendieron su libertad, la propiedad privada, las instituciones republicanas, la democracia y la división de poderes. Aplastaron el allendismo, el resentimiento, la indigerible verborrea, la demagogia y enterraron, por lo pronto, las depredadoras tentaciones comunistas. Un sonoro bravo.
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