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Coahuila

México y China ante el nuevo rostro del T-MEC

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 4 meses

La decisión de General Motors de trasladar a México el ensamblaje del Chevrolet Aveo y Groove parece, a primera vista, un movimiento estrictamente industrial. Sin embargo, detrás del anuncio existe un claro mensaje: la creciente presencia económica de China se ha convertido en un tema cada vez más sensible para América del Norte y las empresas comienzan a ajustar sus cadenas productivas ante el nuevo entorno político y comercial que rodea la próxima revisión del T-MEC en julio de 2026.

El próximo año, ambos modelos dejarán de importarse completamente desde China para ensamblarse en Ramos Arizpe, Coahuila. El dato no es menor. Durante años, México aprovechó su apertura comercial para integrarse a cadenas globales de suministro donde Asia, particularmente China, jugó un papel central en la provisión de autopartes, componentes y vehículos terminados. Hoy, esa lógica empieza a cambiar.

Las medidas impulsadas desde Estados Unidos para reducir la dependencia manufacturera china dentro de América del Norte ya están modificando el mapa de inversiones automotrices en México. En Estados Unidos ya observan con creciente preocupación la posibilidad de que empresas asiáticas utilicen territorio mexicano como plataforma de acceso indirecto al mercado estadounidense aprovechando las ventajas del T-MEC. En ese contexto, el movimiento de GM podría entenderse como una adaptación preventiva a las nuevas reglas globales en materia comercial.

No es una ruptura con China. De hecho, muchas autopartes y componentes seguirán llegando desde ese país. Pero el ensamblaje final se mueve a México y eso, políticamente, cambia la narrativa. Ya no es lo mismo importar vehículos terminados desde China que producirlos parcialmente en territorio norteamericano. La diferencia puede parecer técnica, pero en tiempos de tensiones geopolíticas tiene implicaciones estratégicas.

Al mismo tiempo, la decisión confirma algo que México ha consolidado durante las últimas décadas, primero bajo el TLCAN y ahora con el T-MEC: el país sigue siendo el principal centro manufacturero automotriz de América del Norte. La inversión de mil millones de dólares anunciada por GM y la expansión de operaciones en Ramos Arizpe, Coahuila muestran que las armadoras siguen viendo a México como una plataforma altamente competitiva por costos, ubicación geográfica y, hasta ahora, acceso preferencial al mercado estadounidense.

La pregunta es qué tipo de integración regional quiere construir Norteamérica hacia adelante. Porque otra de las discusiones que probablemente se tocará en la revisión del T-MEC no será únicamente dónde se ensamblan los vehículos, sino qué tan “norteamericano” debe ser realmente un automóvil. ¿Basta con ensamblarlo en México? ¿O también deberán regionalizarse baterías, acero, chips, software y otros componentes?

El propio representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dejó clara la postura de ese país al afirmar que, si Estados Unidos y México van a mantener una estrecha relación comercial, “debemos asegurarnos de que los productos provengan realmente de Estados Unidos y México, y no de algún tercer país que utilice a México como centro de exportación para ingresar a Estados Unidos sin cumplir con las obligaciones del acuerdo”.

La relación económica con Estados Unidos hace indispensable la cooperación en esta materia, sin embargo, China sigue siendo un socio comercial importante para nuestro país, ya que buena parte de la competitividad manufacturera mexicana depende de los insumos chinos. Es decir, el T-MEC es hoy el principal soporte de nuestra integración productiva, de nuestras exportaciones y de buena parte de la inversión extranjera que llega al país. Pero también es necesario encontrar un equilibrio: fortalecer la integración regional de Norteamérica sin cerrar completamente la puerta a China, que sigue siendo un actor central en las cadenas de suministro industriales.

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