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México y los BRICS: ¿comprar o vender?

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 1 dia

Durante más de tres décadas la economía mexicana construyó una extraordinaria integración comercial con América del Norte. Mientras eso ocurría se reconfiguraba la economía global: países que en 1994 —año en que entró en vigor el TLCAN— tenían un peso mucho menor en la geografía económica mundial hoy conforman los BRICS. Pero ¿quiénes son y por qué vale la pena que México también construya estrategias comerciales con esos países?

De acuerdo con el BRICS Investment Report de la Naciones Unidas, los BRICS es uno de los grupos de economías más importantes del mundo, compuesto principalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica que en conjunto representan más del 25% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y el 42% de la población del planeta. Estas economías emergentes, aunque han adquirido un creciente peso económico y político, no se considera un bloque comercial en el sentido del T-MEC o de la Unión Europea debido a que no forman una zona de libre comercio ni constituyen una unión aduanera.

Pero regresemos a 1993, cuando México miró hacia el norte y apostó por el TLCAN. En ese momento, apenas el 2.7% de nuestras importaciones (compras) procedía de las cinco economías que años más tarde integrarían los BRICS. Ese mismo año las exportaciones (ventas) de México hacia ese grupo representó únicamente el 0.70% del total. Pero mientras acontecía la reconfiguración económica global, la participación de los BRICS también transformó sustancialmente el comercio con la economía mexicana, sobre todo, en las importaciones de México procedentes de estas economías emergentes. Así, México comenzó a comprarles cada vez más.

Para el acumulado enero-julio 2026 que reporta la Secretaría de Economía de México, nuestro país exportó 11,748 millones de dólares (mdd) a las cinco economías BRICS (2.5% de las exportaciones totales), mientras que importó de estas 77,595 mdd (16.8% del total de las importaciones). Observemos que mientras las exportaciones mexicanas hacia estos países se multiplicaron 32.5 veces, las importaciones lo hicieron 43.2 veces. Es decir, México se vinculó comercialmente con los BRICS, pero esa integración ocurrió fundamentalmente por el lado de las importaciones, no de las exportaciones.

Este cambio también se observa en América del Norte. En 1993, Estados Unidos y Canadá aportaron el 71.1% de nuestras compras externas, mientras que en lo que va de 2026, esta participación se redujo en aproximadamente 35.6%, por otro lado, en el mismo periodo los BRICS pasaron de 2.7% a 16.8%.

¿Qué ocurrió en este periodo de integración con América del Norte? En primer lugar, debemos hacer una precisión. Del total de compras que México hace a este grupo de economías, cerca del 85% corresponde particularmente a China. Es decir, cuando hablamos del extraordinario crecimiento de nuestras compras a los BRICS, hablamos, en buena medida, del ascenso de China como proveedor de la economía mexicana. ¿Lo nota? La integración con América del Norte no impidió que China y otras economías asiáticas adquirieran una presencia creciente como proveedores de productos para México. Es decir, no necesariamente estamos ante dos procesos opuestos. Parte de las importaciones provenientes de China (o bien, de los BRICS) corresponde a insumos, componentes, maquinaria y otros bienes utilizados por la propia economía mexicana para después vender y comerciar con América del Norte.

Quizá por ello nuestras importaciones provenientes de los BRICS han crecido mucho más que nuestras exportaciones hacia ellos en este periodo de integración. Sin embargo, México puede plantear una mayor diversificación exportadora hacia estas economías, con las cuales ya existen vínculos comerciales, pues entre enero y julio de 2026, nuestras exportaciones siguen estando focalizadas en el mercado norteamericano con una participación del 87%, mientras que con los BRICS representan apenas el 2.5%.

Por obvias razones, la integración con América del Norte debe seguir siendo el eje de la economía mexicana, pero, simultáneamente, es posible buscar una mayor diversificación exportadora hacia los BRICS. Si México ya aprendió a comprarles —y cada vez con mayor intensidad—, ¿por qué no construir también una estrategia para venderles más?

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