Donde los conquistadores españoles y portugueses encontraron un páramo, ecosistema con predominio de vegetación tipo matorral (arbustivo), se fundó el barrio cuna de la ciudad, el del Ojo de Agua, con su pequeña caída de agua (el saltillo), que por las noches las casas de adobe sobre la ladera parecían adornos de un Nacimiento de Navidad.
Mi mente se traslada hacia las polvorientas calles de la barriada, con gratísimos recuerdos. Los centenarios álamos de la calle Libertad, donde todas las tardes aquel famoso vendedor de tierra para las macetas, don Andrés Vázquez Avelino, dirigiera y ensayara la Danza de los Caballitos, antes que se transformara en Tlaxcalteca, que heredó a Francisco Gámez Cardona, “Pancho la Gallina”, polifacético personaje de nuestro barrio, que además era líder vitalicio del Sindicato Único de Captores y Expendedores de Aves Canoras y de Ornato, adherido al PRI, (¡era su único miembro!).
Ahí pasamos los momentos más felices de nuestra vida, la niñez. Acudimos a la legendaria Escuela Primaria Rural Federal Ojo de Agua y recordamos a los grandes maestros que nos enseñaron con ahínco y devoción, entre otros Candelaria Valdés, Miguel Flores, Esperanza Hernández, Amalia Euresti, Julieta Gaytán, María Reyes, el profesor Fito Fuentes y su esposa, así como la maestra de piano Socorrito Ramírez, el profesor de gimnasia y deportes Chucho Calderón, entre algunos otros.
El Barrio del Ojo de Agua inicia en Escobedo y termina al sur, en la calle Primo de Verdad, donde se ubicaba la famosa casa de piedra blanca (caliza) de doña Josefina, quien tenía la primera fábrica de cacahuates garapiñados de Saltillo.
Hacia el poniente del barrio el arroyo La Tórtola, que nace unos kilómetros arriba de la calle Constitución, donde el caserío parece arrancado de un cuento de hadas, ya que las viviendas se “sostienen de milagro” en la ladera donde antiguamente era el camino a la torre inalámbrica, que envió por algún tiempo sus ondas hertzianas sobre el éter de Saltillo. Al oriente la calle Hidalgo, incluyendo la plaza Félix U. Gómez y sus caseríos en el entorno. Es legendaria su iglesia del Santo Cristo del Ojo de Agua y El Mirador, donde en 1847 fue el fuerte de los invasores norteamericanos, una construcción de adobe con ventanillas para instalar las armas y vigilar al enemigo.
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