Seguridad

Publicado el miércoles, 22 de noviembre del 2023 a las 09:55
Guadalajara, Jal.- “Mi Brian, mi Brian, no, mi Brian”, gritaba desconsolado el padre del joven motociclista que perdió la vida afuera de la estación Esculturas del Metrobús, en Tlaquepaque.
El cuerpo del chico que recién había cumplido 18 años quedó tirado boca abajo en un espeso charco de sangre, con la camiseta rota y subida hasta las axilas.
A unos metros de él había dos motos, una de delivery y una motoneta vieja; ambas dañadas por impactarse una contra la otra.
En la moto de delivery viajaba Brian, mientras la motoneta era tripulada por dos jóvenes.
Un vigilante de la estación del Metrobús ubicada en la Colonia Miravalle lo vio todo, primero con timidez lo negó, pero luego entró en confianza y relató que ambas motos iban a exceso de velocidad, como jugando carreritas, y que una de ellas iba haciendo “caballitos”.

Así iban jugando a alta velocidad, cuando de pronto el conductor de la motoneta frenó en seco para evitar chocar con un coche estacionado.
El jovencito logró evitar el impacto, pero Brian no alcanzó a verlo detenerse, pues iba con la parte delantera de la moto en el aire, así que al estrellarse contra la motoneta, la llanta le pegó en la cabeza a quien iba de copiloto.
Los tres jóvenes cayeron al suelo, pero Brian salió volando y su cara se estrelló contra el pavimento, a unos 10 metros de donde chocaron. En minutos, alguien retiró el auto que obstruía la vía.
Una llamada al 911 alertó a la Policía Vial sobre lo ocurrido, cuyos agentes llegaron en poco tiempo a acordonar el área y coordinar el paso del Metrobús, cuidando que no hubiera ningún curioso atravesado.
La ambulancia llegó rápidamente y valoró que Brian ya no estaba con vida, así que los paramédicos declararon el deceso y llevaron a los dos heridos, en estado grave, a la Cruz Verde Leonardo Oliva.
En el lugar del accidente, cada vez había más familiares y conocidos de Brian que llegaban a abrazar a su madre.
El padre miraba el cadáver del chico y se rodeaba a sí mismo con los brazos como para confortarse; a ratos volvía a llorar y a preguntar por qué Brian.

Cuando los peritos llegaron a la escena y empezaron a hacer sus mediciones y a fotografiar las motos y al cadáver, el vigilante recordó que Brian no murió al instante.
“Quedó vivo, todavía alcanzó a intentar levantarse, pero la sangre le salía a chorros por las orejas, la nariz y los ojos”, explicó.
Cuando llegó el momento de analizar el cadáver, los agentes de la Policía de Investigación le pidieron a los familiares que se movieran a un costado de la escena, quizá temiendo que el padre no soportaría la imagen y trataría de impedir que lo manipularan, pues ya antes había discutido con un agente Vial.
El hombre les prometió contenerse y lo dejaron mirar, pero en cuanto le retiraron la sábana, los gritos de dolor de ambos padres estremecieron a todos:
“Mi Brian, no, mi Brian”, gritaba desconsolado, mientras ella sólo lanzaba alaridos.
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