Es evidente en todas las manifestaciones de la belleza de las mujeres, que se trata de cumplir con un estereotipo o cánon de la belleza. En un artículo de Linda Pressly para la BBC, describe la actual situación de Culiacán, Sinaloa, en donde las cirugías están pagadas por personas que se dedican al narcotráfico y que mandan a esculpir a sus novias con los cirujanos plásticos.
Las motivaciones del cambio de cuerpo no son, en la mayoría de los casos, algo que provenga de las mujeres que quieren transformar la configuración de su estética, sino que existe un impulso generado por sus parejas o por las personas que consumen sus cuerpos. Eso es algo cotidiano en el trabajo sexual de mujeres cisgénero o trans, que se transforman para invertir como instrumento de labor a su cuerpo, que se exhibe o se utiliza. En esos casos, también puede existir una invitación de sus jefes a ponerse senos o nalgas, a cambio de mejorar sus cuotas, y además con serios alicientes económicos para realizarla.
El cuerpo es un instrumento de trabajo, y no necesariamente se cobra con dinero siempre ni en todas las circunstancias.
Me escribe una lectora de mis redes sociales: “…soy una mujer que siempre ha sido delgada, y más bien pequeña de estatura, aunque creo que para mis 47 años estoy fuerte y en buena forma todavía. Pero recientemente mi esposo me ha pedido que me opere los senos, surgió a partir de una plática que tuvimos sobre nosotros, qué es lo que nos gustaría el uno del otro que mejorara. Yo solo le comenté detalles de su vida del trabajo, cosas que no me gustan porque siempre trabaja demasiado y hemos sido una familia que lo ha sacrificado todo por el trabajo principal que es el de mi marido. Le va bien y pese a que fue cambiado de empresa en pandemia, nos ha mantenido siempre seguros y no nos ha faltado nada… con todo eso me siento más comprometida a complacerlo en estos días en los que él es quien ha salido por todos.
“Además, cómo voy a operarme en pandemia, es el otro tema que hemos estado manejando ahora que lo hemos hablado seriamente, y siendo sincera, no creo que tampoco necesite ponerme más…”.
Las mujeres siempre deben decidir sobre su cuerpo. Sea sobre una interrupción del embarazo, sea la cantidad de gestaciones que decidan ejercer, sea por cualquiera de las circunstancias que ellas quieran también, modificar su figura. Eso no podemos debatirlo, pero sí invitarlo a la reflexión porque no es justo y es violatorio de los derechos humanos, cuando una persona decide por el cuerpo de otra: su reproductividad, sobre la estética de su cuerpo, sobre los tatuajes o ropa que se pone, sobre la libertad de verse como quiera.
Yo no recomendaría a nadie que se realizara un aumento de pechos sin haberlo pensado y sopesado en estas actuales circunstancias en que las instalaciones médicas no son el sitio idóneo para visitar si no es necesario. Tampoco si no se ha mesurado el peso que se agrega a un cuerpo de talla pequeña, lo cual impacta en el sistema óseo de cualquier persona, porque los implantes son pesados.
Ninguna modificación del cuerpo con cirugía plástica debe someterse a la complacencia ajena. Empoderemos la noción de creernos (no hacer creer) que es por sí mismas. Los riesgos de la belleza y sus asegunes están presentes en las malas noticias todo el tiempo, en particular con la banda trans, que sufre desaforadamente la feminización por el trabajo que implica.
Nosotras decidimos sobre nuestro cuerpo.
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