Monclova Región Centro
Por
Mario Valdés
Publicado el martes, 30 de junio del 2026 a las 04:00
San Buenaventura, Coah.- Este martes 30 de junio no será un día cualquiera para la maestra María del Rosario Rivera Falcón; después de 32 años de servicio ininterrumpido en la educación media superior, llegará el momento de registrar por última vez su entrada y salida al plantel que considera su segunda casa, será el final de una etapa que ayudó a construir desde sus cimientos y que hoy deja convertida en una historia de miles de alumnos, decenas de docentes y una institución consolidada.
Pero para ella, la jubilación no representa una meta alcanzada, sino una despedida difícil.
“No me alegra ser pensionada. Mi felicidad está en las aulas, con los muchachos”, confiesa con la voz entrecortada.
Su historia comenzó hace más de tres décadas, cuando el entonces gobernador de Coahuila, Rogelio Montemayor Seguy, junto con el secretario de Educación, Óscar Pimentel González, autorizaron la creación de los primeros Colegios de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Coahuila (CECyTEC).
Fue entonces cuando recibió una encomienda que cambiaría su vida.
“El secretario de Educación me dijo: ‘Rosario, la voy a comisionar para que dé inicio a los colegios en el Estado de Coahuila’.”
Así nació una de las primeras generaciones del sistema CECyTEC en la entidad.
La mujer que ayudó a fundar los primeros planteles
Rivera Falcón fue pieza clave en la creación de los primeros cuatro planteles del Estado: San Buenaventura, Castaños, Monclova y Morelos.
Recuerda que en aquellos años no existían redes sociales ni campañas digitales. La promoción de la nueva oferta educativa se realizaba mediante pequeñas cintillas publicadas en los periódicos locales para invitar a los jóvenes a formar parte de un proyecto completamente nuevo.
“Así iniciamos. El primer plantel fue San Buenaventura, después Castaños, Morelos y finalmente Monclova.”
Con el paso de los años desempeñó diferentes responsabilidades dentro del sistema educativo. Permaneció durante largo tiempo en Monclova y posteriormente fue asignada a Castaños, hasta regresar finalmente al lugar donde todo comenzó: San Buenaventura.
“Quise terminar aquí, en mi pueblo amado”; una vida dedicada a formar personas…
Al preguntarle qué representa mirar hacia atrás después de más de tres décadas, la respuesta llega sin hablar de edificios, cargos o reconocimientos.
Habla de personas; “Ha sido una historia de vida maravillosa”
Dice sentirse profundamente bendecida por haber trabajado durante tantos años con adolescentes, viendo pasar generaciones enteras que hoy son profesionistas, padres y madres de familia.
Incluso sonríe cuando cuenta que ahora estudian con ella los hijos de quienes alguna vez fueron sus alumnos.
“Les digo que son mis nietos”
Caminar por las calles de San Buenaventura, Monclova o Castaños significa encontrarse constantemente con algún ex alumno que la saluda con afecto; “Eso hace muy fácil la vida”.
Porque, asegura, nunca entendió la educación únicamente como transmisión de conocimientos.
“Sí me interesaba que fueran los mejores técnicos, pero me interesaba mucho más que fueran las mejores personas”.
Ese principio marcó toda su carrera; en cada reunión con padres de familia repetía la misma petición:
“De la puerta de la escuela para acá son míos. Déjenmelos formarlos”.
Convencida de que los valores nacen en casa, pero también pueden fortalecerse desde la escuela, impulsó una educación integral donde la literatura, la historia, la música y el respeto convivieran con la formación técnica.
Reconoce que nada de eso habría sido posible sin el respaldo de docentes, administrativos y colaboradores que compartieron la misma visión.
“El equipo siempre fue fundamental”
El peso de decir adiós; aunque sabe que el tiempo es inevitable, aceptar el retiro no ha sido sencillo.
“A pesar de la edad que tengo, no quería vivir este martes”.
Describe su trayectoria como la de un “Quijote femenino”, luchando durante años por defender la educación, muchas veces enfrentando obstáculos que parecían imposibles.
Sin embargo, asegura que el verdadero juicio sobre su trabajo no lo darán los documentos ni los reconocimientos oficiales.
“Serán mis alumnos quienes digan quién fue Rosario Rivera”.
Afirma con serenidad que jamás buscó imponer miedo o autoridad mediante el maltrato.
“Nunca maltraté a nadie”
Su mayor satisfacción es haber recibido la confianza de cientos de padres que le entregaron a sus hijos convencidos de que encontrarían en la escuela un espacio seguro para crecer.
Después del último timbre
Aunque dejará el cargo directivo, la maestra Rosario Rivera no piensa alejarse de aquello que le apasiona.
Su otra gran vocación es la historia
No se define como historiadora profesional, sino como una apasionada investigadora de la historia de San Buenaventura, actividad que ha desarrollado durante años como integrante del Colegio de Investigaciones Históricas.
Actualmente trabaja junto a una especialista en un proyecto para rescatar parte del patrimonio religioso del municipio.
El próximo 13 de julio presentarán una exposición de arte sacro elaborada con piezas encontradas en archivos y bodegas de la iglesia de San Buenaventura, acompañada por un concierto con un pianista, un tenor y una soprano provenientes de Saltillo.
Además, continuará atendiendo la actividad ganadera que heredó de su familia y colaborando en proyectos culturales para el municipio.
“La cultura nunca la voy a dejar”; el legado que permanece
Antes de despedirse, la maestra comparte unas líneas que escribió para resumir lo que significa cerrar este capítulo de su vida.
Más que un discurso, parecen una carta de amor a la escuela.
Mensaje de la maestra
“Yo me iré del plantel… y se quedarán los pájaros cantando. Se quedará el jardín con sus árboles verdes. Todos los días el cielo será azul y plácido como esta tarde. Estarán tocando el timbre a cada hora y, por el rincón de cada aula, mi recuerdo viajará nostálgico. Yo me iré sin las risas de los muchachos, sin su amor, sin su bullicio, sin sus sonrisas, sin esa calidez que tanto conforta mi espíritu… y la escuela se hará nueva cada año”.
Con esas palabras concluye una trayectoria que comenzó fundando planteles y termina dejando un legado mucho más profundo que cualquier edificio: miles de estudiantes que aprendieron que el conocimiento tiene valor, pero que la formación humana vale todavía más.
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 6 horas
Hace 6 horas
Hace 6 horas
Hace 6 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias