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Entre ruinas y misterio; las brujas de Nadadores

  Por Mario Valdés

Publicado el viernes, 30 de octubre del 2026 a las 04:00


De generación en generación han pasado leyendas de vivencias paranormales que han ocurrido cerca de las vías del tren

Nadadores, Coah.- Hay lugares que parecen guardar algo más que ruinas, historias y recuerdos; sitios donde el silencio de la noche se mezcla con relatos difíciles de explicar, donde las advertencias pasan de boca en boca y donde, pese al paso de los años, hay quienes prefieren no detenerse demasiado tiempo cuando cae la oscuridad; en Nadadores, uno de esos lugares es la antigua estación del ferrocarril, un espacio que durante años ha alimentado las leyendas sobre la presencia de brujas y manifestaciones paranormales.

Las historias que rodean este punto, ubicado entre la cabecera municipal y el ejido Villa de Nadadores, forman parte de una tradición oral que algunos habitantes conocen desde hace décadas, mientras otros prefieren evitar el tema. Para muchos, se trata de simples leyendas urbanas; para quienes aseguran haber vivido experiencias extrañas, en cambio, son episodios que permanecen en la memoria y que difícilmente pueden contar sin recordar el temor que sintieron.

El historiador y cronista de Ciudad Frontera, Néstor Jiménez, tuvo un acercamiento particular con este fenómeno en 2018, cuando visitó las instalaciones de la antigua estación ferroviaria. Aquella experiencia le permitió conocer de primera mano las advertencias que circulaban sobre el lugar, especialmente durante las horas más avanzadas de la noche.

De acuerdo con su relato, la zona ya cargaba con una reputación inquietante. Las construcciones antiguas, los departamentos de adobe en ruinas, las vías del ferrocarril y la escasa iluminación conformaban un escenario propicio para alimentar las historias que desde hace tiempo se cuentan entre los pobladores.

Pero más allá de la apariencia abandonada del sitio, había algo que llamó particularmente su atención: las recomendaciones de personas que conocían la zona y que insistían en que era mejor no permanecer ahí durante la madrugada.

Incluso, recordó que elementos de la Policía Municipal le solicitaron atentamente evitar las visitas a altas horas de la noche. La advertencia no estaba planteada únicamente como una cuestión de seguridad por las condiciones físicas del lugar, sino que también estaba relacionada con las historias que se atribuyen a ese punto, señalado por habitantes como un sitio donde presuntamente se practican rituales de brujería.

En el imaginario popular, estos espacios suelen relacionarse con la búsqueda de lugares apartados, donde algunas personas realizan ceremonias o prácticas esotéricas. La antigua estación, por su aislamiento y el ambiente que la rodea, se convirtió así en uno de los escenarios recurrentes de las narraciones sobre supuestas actividades paranormales en Nadadores.

Madrugada de terror

Uno de los episodios más conocidos sobre estas leyendas fue difundido por el Periódico Zócalo Monclova y se remonta al 27 de febrero, cuando dos guardias de seguridad privada que vigilaban vagones ferroviarios reportaron un acontecimiento que describieron como aterrador.

Según la información publicada, alrededor de las dos de la madrugada, los vigilantes se encontraban realizando sus recorridos cerca de las instalaciones de la antigua estación cuando observaron una figura que, de acuerdo con su testimonio, tenía dos puntos rojos semejantes a ojos y una apariencia que no pudieron identificar con claridad.

Uno de los trabajadores narró que, al iluminar aquella presencia, creyó observar un ave de dimensiones extraordinarias, con una altura que calculó cercana a la de una persona adulta. Sin embargo, lo que más les habría inquietado fue que, según su versión, la figura terminó convirtiéndose en una especie de esfera roja que se introdujo en un pinabete cercano.

Poco después, el árbol comenzó a incendiarse.

El episodio provocó una fuerte crisis nerviosa en uno de los guardias, quien terminó desmayado, por lo que su compañero solicitó ayuda a través de los servicios de emergencia. Al lugar acudieron elementos de la Policía Preventiva Municipal, personal de Protección Civil de Nadadores y Bomberos de San Buenaventura para atender la emergencia y sofocar el fuego.

La publicación periodística señaló que el reporte fue atendido por las autoridades y que el trabajador afectado recibió asistencia tras el episodio. También consignó que los vigilantes relacionaron lo ocurrido con las historias de brujería que, según ellos, se contaban desde tiempo atrás en los alrededores de la estación.

No obstante, aunque la emergencia y la atención de los cuerpos de auxilio fueron reportadas, la explicación sobrenatural de los hechos quedó en el terreno de los testimonios, sin que la información disponible permita confirmar que se tratara de una manifestación paranormal.

Leyendas que sobreviven

Para Néstor Jiménez, el interés de estas historias no radica solamente en determinar si los acontecimientos narrados tienen una explicación extraordinaria, sino también en comprender cómo sobreviven en la memoria colectiva y terminan convirtiéndose en parte de la identidad de una comunidad.

La antigua estación ferroviaria reúne varios elementos que favorecen la permanencia de estas narraciones: el abandono de algunas construcciones, la oscuridad, el aislamiento y los relatos de quienes aseguran haber visto o experimentado algo fuera de lo común.

A ello se suman las advertencias que, según los testimonios, han circulado entre trabajadores y habitantes de la zona, así como la recomendación de no permanecer ahí durante la madrugada. Cuando una historia se repite durante años y encuentra eco en distintas generaciones, deja de ser únicamente un relato individual y se transforma en una leyenda compartida.

En Nadadores, hablar de brujas es tocar un tema que despierta curiosidad, incredulidad y temor en partes iguales. Hay quienes sostienen que son historias exageradas por el paso del tiempo; otros prefieren no desafiar aquello que desconocen y optan por mantenerse alejados de los lugares señalados.

Lo cierto es que las narraciones continúan circulando, aunque no siempre se cuenten abiertamente. En ocasiones, el tema se evita, se minimiza o se reduce a una anécdota que solamente vuelve a cobrar fuerza cuando ocurre algún incidente extraño en los alrededores.

Entre el miedo y la tradición oral

La antigua estación de Nadadores es hoy mucho más que un vestigio de la actividad ferroviaria que alguna vez dio vida a la región. En torno a sus ruinas se ha construido una historia paralela, alimentada por testimonios, advertencias y acontecimientos cuya interpretación depende de las creencias de cada persona.

La experiencia compartida por el cronista Néstor Jiménez en 2018 y el episodio de los guardias de seguridad difundido por la prensa, forman parte de ese conjunto de relatos que mantienen vigente el misterio de las llamadas ‘brujas de Nadadores’.

No existen elementos suficientes para asegurar que las apariciones descritas correspondan a seres sobrenaturales ni para atribuir a la brujería los incidentes registrados. Sin embargo, las historias permiten observar cómo el miedo, la tradición oral y los escenarios abandonados pueden entrelazarse hasta dar forma a leyendas que perduran durante generaciones.

Y es precisamente ahí donde reside el atractivo de este relato: en la frontera entre lo que se cuenta y lo que puede comprobarse, entre la memoria de quienes aseguran haber vivido algo extraño y el escepticismo de quienes buscan una explicación racional.

Porque cuando cae la noche sobre la antigua estación ferroviaria, las ruinas permanecen en silencio, las vías se pierden entre la oscuridad y las historias vuelven a surgir. En Nadadores, la leyenda de las brujas continúa viva, no necesariamente porque todos crean en ella, sino porque todavía hay quienes prefieren no averiguar qué ocurre en ese lugar después de la medianoche.

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