Coahuila
Hace 4 años
Cuenta la leyenda que el padre de la patria, Miguel Hidalgo y Costilla, descansó a la sombra de un nogal criollo como él, ubicado en el barranco en la segunda pendiente de la Calle de Hidalgo en el Barrio del Ojo de Agua, donde luego se construiría la Plaza Félix U. Gómez.
Hidalgo venía procedente del sur del país en una azarosa travesía, llena de riesgos, percances y dificultades, perseguido por el clero y el virreinato, tras haber iniciado la gesta heroica de la independencia de México, el 15 de setiembre de 1810.
Hidalgo y su gente venían procedentes de Zacatecas y llegaron por el antiguo camino que conectaba directamente a Saltillo por la garita a la altura del cerrito donde se encuentra actualmente la Iglesia del Santo Cristo del Ojo de Agua.
La propia tradición oral cuenta que el hecho se registró en el mes de enero de 1911, cuando Hidalgo y su gente huía hacia el autoexilio para evitar ser sacrificados por las autoridades católicas y las virreinales; sin embargo, a la altura de Acatita de Bajan, municipio de Castaños, Coahuila, el padre de la patria y los insurgentes que le acompañaban fueron capturados por un grupo de individuos al mando de un tal Elizondo, que los entregó. Trasladados a Chihuahua fueron fusilados y algunos decapitados, incluyendo el señor Hidalgo, cuyas cabezas fueron maléficamente exhibidas en cada una de las esquinas del granero denominado Alhóndiga de Granaditas en la ciudad de Guanajuato.
El pequeño montículo donde posteriormente seria la Plaza Félix U. Gómez, fue además estacionamiento de carretas procedentes de algunos ejidos aledaños a Saltillo, pues ahí los campesinos exponían sus productos. La Plaza pertenecía a las propiedades que poseían los jesuitas, fundadores del famoso Colegio de San Juan, ubicado donde ahora se localiza el museo de las Aves de México, cuyo edificio una vez abandonado por los jesuitas, fue utilizado como cuartel militar, Congreso del estado, oficinas federales y estatales, asi como la feroz dirección de las Policía Judicial del Estado, en cuyos salones se instalaron las ergástulas en donde fueron castigados culpables y no culpables individuos que tuvieron la desgracia de caer en las manos de la gente de Mario Guerra Flores.
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