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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 11 de febrero del 2026 a las 13:02
Ciudad de México.— Mike Tyson construyó su leyenda a golpes. Con 44 nocauts, una mirada que intimidaba antes de sonar la campana y una carrera que convirtió la violencia en coreografía. A los 59 años, el excampeón de los pesos pesados ha decidido pelear otra batalla. Esta vez, lejos de Las Vegas y sin cinturón en juego.
En un anuncio en blanco y negro de 30 segundos, Tyson aparece sin filtros. No hay luces, no hay público. Sólo la cámara y un hombre que desmonta su propia mitología física.
Estaba tan gordo y era tan desagradable. Comía cualquier cosa. Pesaba como 157 kilos”, dice con voz contenida. Luego añade: “Me odiaba muchísimo cuando estaba así. Sólo quería suicidarme”.
El atleta que alguna vez personificó la fuerza bruta confiesa una etapa marcada por la obesidad, el abuso de sustancias y la autodestrucción. La brutalidad ya no es física; es introspectiva.
Denise, el recuerdo que no se apaga
La escena adquiere otra dimensión cuando Tyson menciona a su hermana. “Mi hermana se llamaba Denise. Murió de obesidad a los 25 años. Sufrió un infarto”. La cámara no se mueve. La frase tampoco necesita subrayado.
Denise falleció en 1990 tras un ataque cardíaco relacionado con su peso. Tenía poco más de 20 años. Tyson lo presenta como herida abierta. En el anuncio también detalla el exceso que marcó su propio descenso.
Cada hora que pasaba era capaz de comer un cuarto de libra de helado (medio kilo). Estaba en una situación extrema”.
La muerte de su hermana no es un recurso retórico en la campaña; es el eje moral del mensaje. El excampeón conecta su historia familiar con un argumento más amplio sobre la salud pública estadounidense.
“ Somos el país más poderoso del mundo y tenemos la gente más obesa y regordeta. Hay que hacer algo con la comida procesada en este país”.
De la autodestrucción al veganismo
Tras su retiro, Tyson dejó atrás el régimen que había disciplinado cada gramo de su cuerpo. En 2009 fue catalogado como clínicamente obeso. Arrastraba hipertensión, artritis y una dependencia prolongada a las drogas. El deterioro físico fue visible; el emocional, menos documentado.
En 2010 adoptó el veganismo. “Estaba tan congestionado por todas las drogas y la mala cocaína que apenas podía respirar. Tenía hipertensión, estaba a punto de morir y tenía artritis. Volverme vegano me ayudó a eliminar todos esos problemas de mi vida”, ha dicho.
Durante más de una década perdió peso, recuperó movilidad y redefinió su imagen pública. El nuevo Tyson no vende intimidación. Vende experiencia.
Tyson y la política alimentaria
La campaña que protagoniza respalda las nuevas directrices sanitarias impulsadas por el secretario de salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., dentro de la administración de Donald Trump. La llamada iniciativa “Real Food” promueve una reducción drástica del consumo de alimentos ultraprocesados y declara la guerra al azúcar, al tiempo que reabre el debate sobre las grasas saturadas.
El anuncio fue patrocinado por el MAHA Center, una organización sin fines de lucro alineada con el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Tyson no se limita a prestar su rostro. Asume el discurso como cruzada persona afectada.
“ La pelea más importante de mi vida no es en el ring. No estoy peleando por un cinturón. Estoy peleando por nuestra salud. Los alimentos procesados nos están matando. Nos han mentido y necesitamos volver a comer comida de verdad”, dice Tyson.
En la pieza audiovisual, muerde una manzana y sostiene una zanahoria.. La narrativa es más compleja: un ícono de la cultura popular convertido en portavoz de política alimentaria.
El campeón que demolía rivales en menos de tres asaltos ahora construye un argumento contra la industria alimentaria.
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