Internacional

Publicado el viernes, 14 de noviembre del 2025 a las 15:12
Cuidad de México.- El vídeo fue exhibido como evidencia en el juicio que enfrentó el líder serbio Radovan Karadzic, finalmente condenado a prisión perpetua. En las imágenes se le ve junto al famoso escritor ruso Eduard Limonov en el verano de 1992, visitando las posiciones de las fuerzas serbias que asediaban Sarajevo.
La parte más estremecedora de la grabación ocurre cuando Karadzic intenta contactar con su esposa por teléfono al tiempo que juega con la cría de un perro local. “Parece que mi esposa no responde”, se le escucha decir mientras acaricia al cachorro. A pocos metros, un instructor serbio enseña a Limonov a disparar una ametralladora contra la población bosnia. La normalización de un crimen de guerra, grabada por sus propios autores.
“Los rusos deberíamos tomar ejemplo de ustedes”, añade poco después el propio Limonov. Y Karadzic le responde: “En los próximos días llegarán unos 400 [voluntarios] a los que ya hemos pagado el billete”. “Ah, finalmente, nuestra yihad [guerra santa] ortodoxa [la religión de rusos y serbios]”, concluye Limonov.
Las imágenes de la participación de Limonov en los tiroteos contra la población civil de Sarajevo siempre fueron el ejemplo palmario de la implicación de extranjeros en la avalancha de crímenes de guerra cometidas por las fuerzas serbias durante los casi cuatro años de cerco a la ciudad, en plena guerra civil que sufrió Bosnia en los años 90.
Pero también fueron un recordatorio de la extrema bajeza del ser humano, capaz de disfrutar disparando a desconocidos como si fuera un juego de feria.
La extremada bajeza del ser humano: de los ‘safaris humanos’ en Sarajevo a los vídeos de las cacerías con droneshttps://t.co/lq0abSHr5O pic.twitter.com/D7JqQ568B9
— EL MUNDO (@elmundoes) November 14, 2025
El reciente escándalo desatado por la investigación de un periodista italiano sobre la participación de turistas extranjeros en los ataques contra la población de Sarajevo recupera una de las prácticas más desquiciadas de aquel conflicto.
Una realidad que los serbios nunca ocultaron: mostraban a algunos de los “voluntarios” que nutrían sus filas en la televisión local. El Tribunal de La Haya consideró probado que los acólitos de Karadzic habían contado con el apoyo de más de medio millar de mercenarios rusos, griegos o rumanos. Los combatientes foráneos -incluidos españoles- también asistieron a los uniformados bosnios y croatas, como pudo comprobar en varias ocasiones este periodista.
Lo único que nunca se pudo confirmar era si había forasteros que llegaban a pagar por matar.
Durante esos años, se multiplicaban en las calles de Sarajevo las señales que decían: “Pazi Snajper” (“Cuidado, francotiradores”). Algunas de las travesías estaban bloqueadas por acumulación de vehículos. Autobuses y coches acribillados, que se apilaban unos junto a otros, formando una supuesta barrera que dificultaba la labor de los tiradores. Correr entre calles expuestas era una rutina diaria para los habitantes de la villa. Lo mismo que ser conscientes de la ruleta rusa que enfrentaban cada vez que conducían por la llamada Avenida de los Francotiradores, la arteria principal que atravesaba Sarajevo de extremo a extremo y que, a partir del hotel Holiday Inn -cuando se convertía en una ruta totalmente expuesta-, era el escenario más habitual de las “cacerías” de quienes asediaban la urbe.
El escándalo en torno a la visita de foráneos a las posiciones serbias se reactivó tras la emisión del documental Safari Sarajevo en 2022, donde el realizador Miran Zupanic denunciaba este estremecedor fenómeno.
Quien fuera alcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karic, inició un proceso judicial el 26 de septiembre de ese año para que “aquellos que dispararon contra ciudadanos inocentes de Sarajevo paguen por sus crímenes”.
Las prácticas de Sarajevo se alimentaron de la impunidad de la que durante años parecieron gozar las fuerzas serbias, que no rectificaron hasta que fueron bombardeadas en 1995.
Es la misma arrogancia que ha llevado en estas últimas fechas a que los soldados rusos o israelíes exhiban los vídeos que han grabado ellos mismos en los que asesinan a la población civil ucraniana o a los palestinos de Gaza.
Los safaris humanos de Jersón, la ciudad ucraniana azotada por los drones rusos, fueron calificados como crímenes contra la humanidad por una comisión de investigación independiente de la ONU. Otra comisión de investigación similar de Naciones Unidas dedicada a Gaza fue aún más concluyente en septiembre: Israel ha cometido un genocidio.
Durante semanas, en Sarajevo grupos de ciudadanos se reunieron en una de las principales calles del centro de la localidad para leer, uno por uno, los nombres de los niños asesinados en Gaza. Lo mismo hicieron los actores que participaron en la apertura del Festival Internacional de Teatro MESS en octubre.
Los residentes de la capital bosnia no han olvidado la trágica experiencia por la que tuvieron que pasar. Según las estadísticas oficiales, el cerco dejó 11.541 civiles muertos, de los cuales 1.601 eran niños. Los heridos superaron los 50.000.
“No recuerdo haber llorado por los muertos y heridos a mi alrededor en Sarajevo. Por eso ahora pago doble. Lloro por los niños de Sarajevo y Gaza juntos. Aquí está de nuevo el mal. Horrible y aterrador. Capaz de dispararle a un niño sólo para matar su sonrisa”, declaró Boris Vitlacil, que tenía 13 años al comenzar el asedio de Sarajevo, a una publicación local.
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