Arte

Publicado el lunes, 19 de febrero del 2024 a las 03:32
Ciudad de México.- Como salidos de un western, aunque solo uno de ellos dispare y el otro esté obligado a atajar, dos futbolistas se juegan, cara a cara, el destino de sus equipos desde la circunstancia dramática de la pena máxima.
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Esa confrontación no deja de ser un enigma permanente del futbol”, afirma en entrevista el escritor y periodista Juan Villoro, en cuyo último relato pambolero, No fue penal: Una jugada en dos tiempos (Almadía, 2023), la gloria o el infierno también se define desde los 11 pasos.
Pero Villoro (Ciudad de México, 1956) no centra la atención del lector en esa jugada decisiva para este partido en edición de bolsillo, sino en lo que representa para dos personajes que lo atestiguan todo desde fuera de la cancha: el técnico Pepe López Martínez, “El Tanque”, y Valeriano Fuentes, antiguo crack ahora encargado del videoarbitraje (VAR).
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Es la historia de dos amigos que fueron íntimos y jugaron en el mismo equipo, y el destino los enfrentó en una jugada fatal que destruyó la carrera de ambos: accidentalmente, uno fracturó al otro. Y, muchos años después, estos amigos se vuelven a encontrar, ya distanciados por la vida, ante otra jugada fatal, uno como entrenador de un equipo que se juega el descenso, y el otro, como videoárbitro que puede sancionar las jugadas de ese equipo.
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Entonces, me pareció muy interesante recrear la vida de dos personas a partir de estas dos jugadas: una que tuvieron como protagonistas dentro de la cancha, y otra que vuelven a tener uno como entrenador y otro como videoárbitro. Y, desde el punto de vista literario, para mí era muy sugerente contar las dos versiones de lo mismo”, detalla el también autor de Balón dividido y Dios es redondo.
Se trata, pues, de un paseo narrativo por universos interiores, por los vericuetos mentales que los propios Valeriano Fuentes y “El Tanque” recorren en esos últimos 45 minutos en que las acciones de los 22 en el campo –más los árbitros– terminan por atizar lo mismo el duelo por aquella fractura “accidental” que una vieja rivalidad amorosa.
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A mí me parece muy importante, cuando uno aborda el futbol desde la literatura, la posibilidad de entrar en la vida privada de los jugadores. Porque las grandes jugadas tienen una vida secreta”, remarca Villoro.
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Muchos de los futbolistas, inevitablemente, se dejan afectar por sus ilusiones, sus frustraciones, sus odios, sus pasiones. Entonces, el futbol es también una cosa mental”, prosigue el miembro de El Colegio Nacional, cuyos protagonistas ponderan sus propias motivaciones. “Esa vida íntima de las jugadas era lo que yo quería también expresar en este librito”.
Aunque el título pareciera aludir al infame clavado del holandés Arjen Robben que dejó a México fuera del Mundial de Brasil 2014, si hay un pasaje futbolístico que inspire esta obra en realidad es la fractura que sufrió Alberto Onofre en vísperas del Mundial de 1970, celebrado aquí en el País.
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Mi generación se enteró de que existían la tibia y el peroné porque Onofre se fracturó esos huesos”, recuerda Villoro a quien entonces fuera el jugador más importante de la Selección Mexicana, cuya lesión arrancó de tajo los sueños de quienes esperaban una actuación destacada de los locales en el primer Mundial que se albergaba en el País.
Años después, cuenta el autor, leyó en un libro de Agustín del Moral que aquella fractura no solo terminó con la carrera de Onofre, sino con la del defensa con el que había chocado, Juan Manuel Alejándrez; “esa jugada circunstancial, porque no fue intencionada, fue un resbalón con la cancha mojada, había truncado dos carreras, es decir, dos vidas”.
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Y me pregunté qué pasaría si esas personas se volvieran a encontrar muchos años después en otra jugada decisiva, ya retirados como futbolistas pero en circunstancias todavía vinculadas con el deporte: uno como entrenador, otro como videoárbitro”, refrenda Villoro, quien además incorpora al relato frases de figuras como Marcelo Bielsa y Javier Aguirre, y hasta una anécdota con el astro argentino Gabriel Batistuta.
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En fin, hay elementos de la realidad incorporados a la ficción. Porque el futbol en sí mismo es una novela; el futbol es una narración continua llena de mitologías, de anécdotas, etcétera. Entonces, pues yo simplemente le agrego unos cuantos misterios al futbol que, en cierta forma, se narra a sí mismo”.
El VAR, la violencia y otros males
Un tema contemporáneo que Juan Villoro deseaba abordar en No fue penal, y que dicho título casi permite adivinar, es el del VAR, herramienta que a decir del narrador ha perjudicado al futbol.
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La FIFA ha tratado de lavar su imagen y los escándalos de corrupción con un sistema de jurisprudencia aparentemente más objetivo. En vez de investigarse a sí misma, la FIFA lo que hace es poner un ojo clínico sobre la cancha, pero este ojo también es susceptible de ser interpretado”, refiere. De ahí que sea tan frecuente en los partidos que una jugada se sancione por el VAR después de varios minutos de revisión, con una perpetua insatisfacción ante las diversas posibilidades que ofrecen los ángulos distintos de las cámaras; “simplemente el error no se evita, sino que tan solo se retrasa”, dice Villoro.
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Y, además, esto le quita al futbol una nobleza que tenía, y es que aceptaba el error humano. El futbol era el deporte más sencillo en cuanto a reglas, y que admitía la posibilidad de que el árbitro se equivocara, en ocasiones a favor, en ocasiones en contra, pero fue sumamente divertido incluyendo este factor humano”.
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