Momento histórico
Por lo visto, el Presidente de México no se percató de que es parte de la historia. Empezó bien su mensaje, y terminó atacando a todo mundo. ¿Celebrar el Día del Ejército, con dardos venenosos? Vaya peligro aquello de señalar a los enemigos, en un evento donde los protagonistas, son las Fuerzas Armadas. Vaya que Andrés Manuel López Obrador hace historia… aunque no necesariamente en sentido positivo. No hay antecedentes de una ceremonia del Ejército utilizada para apuntar hacia los enemigos.
Por Coahuila, no quedó en el abono a la institucionalidad. Estuvieron legisladores, locales y federales; senadores y el Gabinete estatal, pero el comentario generalizado es que no fue un buen guiño utilizar la exhacienda de Guadalupe, como escenario nacional, lugar emblemático para el país, su historia y el Ejército, para irse en contra de quienes lo critican.
Hacen mella
Para los que le saben al tema de interpretar los mensajes políticos, el presidente López Obrador muestra signos claros de que los temas actuales le causan mella: en su discurso en el evento de la exhacienda de Guadalupe por el Día del Ejército, acompañado por el general Luis Cresencio Sandoval, titular de la Sedena, pasó de un reconocimiento somero a las Fuerzas Armadas, al duro señalamiento contra los medios de comunicación. “Se venden, o alquilan”, acusó.
Hasta los enviados de medios nacionales que lo acompañan en sus giras, mostraron molestia; algunos rechiflaron y en general todos con la expresión: “ahí va de nuevo”.
Los temas vigentes por las casas de Houston lo desgastan y es evidente que en el Gobierno federal el manejo de crisis es pésimo.
El tabasqueño no dejó ir la posibilidad de victimizarse y se dijo tan atacado y calumniado, como Francisco I. Madero.
Aterrizó en el ejido
Después de su escala del viernes en Piedras Negras, López Obrador por la noche llegó vía aérea al aeropuerto Venustiano Carranza, de Frontera, y de ahí en camioneta hasta las instalaciones del 105 Batallón de Infantería, en donde pasó la noche.
Por la mañana, subió a un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana que lo trasladó hasta Ramos Arizpe. Bajó en el ejido Plan de Guadalupe y después se trasladó por tierra escasos kilómetros hasta la exhacienda.
Ya lo esperaba el gobernador Miguel Ángel Riquelme, quien llegó acompañado por el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, Miguel Mery y el diputado Eduardo Olmos, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso Estatal.
En el comité de recepción también estaban el Alcalde de Ramos Arizpe, José María Morales y Manolo Jiménez, secretario de inclusión y Desarrollo Social.
No saludó
Otro detalle para el anecdotario del evento del sábado en Ramos Arizpe, es que el Mandatario federal, quien sabe si enojado o por descuido, no saludó ni a los de casa. Hubo invitados especiales que pasaron desapercibidos para AMLO como los diputados locales de Morena; legisladores federales y hasta el senador Armando Guadiana. Pasó de frente y no hubo menciones.
Ojo, tampoco saludó a los del PRI, que llegaron en cascada, pero finalmente ya están acostumbrados al desaire. El problema fueron los otros; se quedaron con ganas de beso y abrazo.
Las Mañanitas
Y como el Presidente no llegaba, en la exhacienda Guadalupe hasta Mañanitas hubo. En el templete de invitados especiales estaban alcaldes, el gabinete estatal, legisladores locales y federales y uno que otro invitado presidencial, como un escritor contratado por la Presidencia de la República para seguir y documentar los pasos del inquilino de Palacio Nacional. El caso es que quien sabe si dicho personaje haya tomado buenas notas, pues en pleno evento, tropezó y cayó delante de todo mundo.
Pero estábamos con Las Mañanitas. De pronto alguien revisa el Facebook y se entera de que uno de los presentes estaba de plácemes: el alcalde morenista de Abasolo, Ramiro Reyes Rodríguez; le llovieron abrazos.
No lo dejaron entrar
Al que no dejaron entrar al evento fue a Diego del Bosque Villarreal. El exdiputado federal no pasó de la cerca perimetral que divide los terrenos de la exhacienda, con la carretera 57. “Es el dirigente de Morena en el estado”, le dijo un propio a los militares de la Ayudantía presidencial. “No pasa”, le respondió.
A Reyes Flores Hurtado, quien hace las veces de delegado federal en Coahuila, tampoco le fue bien. En una pancarta que colocaron a la entrada del recinto, y que todo mundo pudo ver al ingresar, lo acusaron de traicionar al movimiento lopezobradorista.
“Reyes Flores Hurtado, traidor de la 4T. Ha ocupado (en la delegación de Bienestar) a pura gente del PAN y no está con el pueblo”. Alguien le hizo la travesura al exdirigente panista.
Más sobre esta sección Más en Coahuila