Hay un dicho, que cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde.
Sabemos, tal como están las cosas, que quien resulte el candidato de Morena será el próximo Presidente.
Las mal llamadas fuerzas de oposición, esas siglas tan desprestigiadas del PRI, PAN y PRD, con esos liderazgos débiles, mezquinos, cooptados por los impresentables de siempre, no representan una opción viable.
No, quien decida Andrés Manuel será el próximo Presidente y el encargado de velar por los intereses de la cuarta transformación.
Por ello, resulta especialmente interesante lo que hoy sucede entre los que el propio Presidente calificó de “corcholatas” y cómo los que, en los hechos, han quedado descartados lanzan verdaderas patadas de ahogado.
Con un senador Monreal y un canciller Ebrard descartados, la carrera es ya parejera y entre dos: Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López, y la balanza se inclinará hacia quien demuestre, de aquí a que sea ungido, mayor lealtad e incondicionalidad a Andrés Manuel.
Pero en el ínter habría que destacar la operación política que realiza el líder de Morena, Mario Delgado, ese fajador sin escrúpulos que se encarga de mover la maquinaria del partido para meter zancadillas y marginar a quienes ya no quiere Andrés Manuel, y que en el lance le permite al Presidente simular que no hay dados cargados, aunque lo están.
Sobre este personaje hay que estar muy atentos. Cuando empiece a golpetear a uno de los dos finalistas sabremos sin lugar a dudas quién será el candidato y próximo Presidente.
Sí, cuándo la perra es brava, hasta a los de casa muerde, y en este caso, muerde por encargo.
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