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Muera la inteligencia

Por Sergio Sarmiento

Hace 1 mes

“Venceréis, pero no convenceréis”. Miguel de Unamuno

Es lamentable que el Presidente descalifique todo pensamiento que no sea el suyo. En la Cuarta Transformación solo se permite la reverencia y la obediencia.

Ayer AMLO se lanzó nuevamente contra el CIDE, el Centro de Investigación y Docencia Económica, del que dijo que “también se derechizó”, como la UNAM. “Es evidente, es del dominio público, [que son] una intelectualidad, un grupo de académicos muy conservadores”.

No es la primera vez que el presidente ataca al CIDE. En agosto afirmó que “era lo mismo” que el ITAM y que el Tec de Monterrey. “Entiendo que exista una escuela como el ITAM, está bien, impulsada por el sector privado para impulsar a sus cuadros. Pero que el Estado también esté financiando a una institución con esos mismos propósitos. Imagínense. Están formando jóvenes para hacerle caso al FMI y que si hay una crisis la receta es darle a los de arriba, y que el Estado no debe intervenir, que debe diluirse y solo utilizarse para reprimir”.

Cuando escucho esta caricatura de los programas del CIDE supongo que el Presidente está mal informado. Alguien le ha mentido sobre lo que se estudia o se investiga en el CIDE o la UNAM. Es cierto que el CIDE tiene un alto nivel académico, lo cual ha hecho posible que muchas empresas privadas contraten a sus egresados, como lo hacen con los de otras universidades públicas, como la UNAM o la Universidad de Guadalajara; pero tener un alto nivel académico no debería ser un pecado para una institución educativa.

El Presidente trató ayer de lavarse las manos del paro de estudiantes y maestros del CIDE ante la imposición de un nuevo director por el Conacyt. “¿Y me echan la culpa a mí?”, respondió a una pregunta en la mañanera. “Pues hay que ver quiénes están ahí, porque a lo mejor es de los grupos de Krauze y de Aguilar Camín, que acaparaban todo, estaban metidos en todos lados y esos son los que están inconformes. Porque nosotros lo que queremos es que se acaben todos los cacicazgos también en la academia, en los grupos intelectuales, porque también había mucha corrupción en todos estos grupos que están muy enojados por eso, porque vivían al amparo del poder público”.

Este discurso antiintelectual pretende convertirse en verdad a fuerza de repeticiones. Todos los que no piensan como el Presidente son corruptos. Todos los que están con él son honestos e incorruptibles. Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín son monstruos que recorren el país robando a los pobres, pero “la directora del Conacyt es una mujer honesta, íntegra, no es como Krauze, ni como Aguilar Camín, ni –con todo respeto– como la mayoría de los escritores de Reforma”.

El Presidente descalificó también ayer, una vez más, a quienes participan en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Acusó al presidente de la Feria, Raúl Padilla, de haber recibido un premio de la monarquía española. Menudo pecado. Habló de los “intelectuales alcahuetes” y una vez más criticó a Mario Vargas Llosa: “Cada vez que llega Vargas Llosa, pues, recibe un trato especial y sería bueno que informaran cuánto le pagan, o sea, históricamente, cuánto han destinado a Vargas Llosa”.

El odio visceral del Presidente a académicos, escritores e intelectuales es preocupante. Al escuchar sus peroratas es difícil no recordar las palabras del fascista José Millán Astray, quien increpó el 12 de octubre de 1936 a Miguel de Unamuno con la frase “Muera la inteligencia”. El filósofo respondió con sabiduría: “Venceréis, pero no convenceréis”. Una respuesta así, sin embargo, está fuera de la comprensión de los intolerantes.

 

Tellaeche

Se consumó la imposición. José Romero Tellaeche fue nombrado director del CIDE por el Conacyt. Ni siquiera se quiso registrar el voto en contra de varios miembros de la Junta de Gobierno, como el INE. Fue una decisión autoritaria.

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