Ciudad de México.- Las cartas que el joven poeta Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, envió a la aún adolescente narradora Elena Garro, son reunidas por el escritor Guillermo Sheridan en el libro Odit et Amo: las Cartas a Helena, publicado por Siglo XXI Editores.
Las 84 misivas –de juventud, pero también tardías, preludio de su separación–, son presumiblemente todas las que se conservan, dice Sheridan, y muestran la relación pendular que distinguió al vínculo de la pareja.
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La naturaleza del odio mezclado con el amor es parte importante de este libro, por eso escogí poner en el título esas tres palabras iniciales del epigrama 85 de Catulo Odi et Amo: Odio y Amor, en el que famosamente se pregunta: ¿qué pasa con el amor, que siempre tiene este ingrediente de odio? ¿cómo puede ser que odie y ame? Su respuesta es luminosa, porque es la única posible: ‘no lo sé, pero así lo siento’.
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Las relaciones entre el odio y el amor se comentan, se revisan en el estudio preliminar porque fueron un componente definitorio de esta muy, muy compleja historia de amor entre dos personas enormemente complejas”, expone en entrevista el también ensayista y periodista, quien explica en el libro cómo se integró esta colección epistolar.
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Gracias a las cartas que dejó el sobrino entre los posibles compradores y otras que vendió por aquí y por allá se ha podido completar la colección que presento”, dice en relación a las misivas que ofreció Jesús Garro Velázquez, hijo de Albano Garro, hermano de la novelista.
Guillermo Sheridan se ha centrado en el estudio del Premio Nobel.
La Universidad de Princeton las adquirió finalmente.
“El pequeño mercado negro de las cartas terminó” –escribe Sheridan– “cuando los originales fueron exportados, en calidad de archivo banana, al Departament of Rare Books and Special Collections de la Universidad de Princeton”.
Las dos primeras partes de las tres que componen el libro –las cartas de 1935 y las de 1937– corresponden a un joven intensamente enamorado, señala Sheridan.
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No solo estaba intensamente enamorado de una mujer, sino que había convertido ya al amor en una especie de religión, una creencia profunda que organizaba el sentido mismo de la vida. Y después están las cartas finales, las de 1945, cuando ya tienen una hija, la pequeña Laura Helena y el matrimonio da señales de haberse gastado, de haber pasado a otra etapa. Es el umbral de lo que eventualmente será la dolorosísima separación que vivieron”, dice el también autor de Los idilios salvajes. Ensayos sobre la vida de Octavio Paz, cuyo capítulo dedicado a la pareja podría funcionar como prólogo de Odit et amo: las cartas a Helena, aunque éste es suficiente en sí mismo, aclara.
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Las cartas, en el libro anterior, eran un poco material de referencia. En éste son las protagonistas, las que adquieren ese extraño derecho que tienen las cartas importantes de los escritores importantes de continuar llegando a nuevos e inesperados destinatarios”.
Cuando las escribió, Paz no tenía conciencia de que serían leídas por otros, previene Sheridan.
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Son cartas escritas desde la absoluta intimidad y desde la necesidad inmediata de comunicarse, de analizarse, de poner en escena sus emociones, sus pasiones, sus ideas enfrente de la destinataria de las cartas y, desde luego, enfrente de sí mismo, porque no hay que olvidar que un buen escritor de cartas o una buena escritora de cartas escribe para otro, pero escribe también para sí mismo”.