Arte

Publicado el lunes, 30 de agosto del 2021 a las 04:30
Saltillo, Coah.- Todos saben que el director sabinense, y uno de los más importante del Cine de Oro mexicano, Emilio “Indio” Fernández, era un machista irreductible, pero pocos saben, por ejemplo, que su nivel era tanto que las mujeres debían andar descalzas por su casa, y seguramente muchos menos saben que una vez le voltearon la jugarreta. A saber: cuando el director de La Perla llegó de noche a su casa y encargó a su esposa Columba Domínguez prepararle mole, la actriz se negó porque no tenía los ingredientes, pero el “Indio” insistente, la hizo ceder. Al día siguiente, el cineasta preguntó por un gallo increíble por su valor de campeón en los palenques, su mujer solo respondió “te lo cenaste anoche”.
Otros grandes artistas del siglo pasado a quienes se les ha colgado el título de machistas son dos: el poeta Octavio Paz, y el pintor Diego Rivera. El primero tuvo como esposa a la también escritora Elena Garro que era, a su vez, amante del autor argentino Bioy Casares quien, a su vez, estaba casado con la cuentista Silvina Ocampo, dando así un entrecruce de lenguas con sabor a sopa de letras, a batiburrillo de palabras. Por su parte, Rivera, esposo de Frida Kahlo tuvo sus queveres con muchas mujeres, entre ellas Cristina, la hermana de la pintora, quien reviró al tener su affaire con el intelectual Leon Trotsky… en fin, el Comunismo abolió las propiedades privadas.
Estas historias son las que han definido en cierto sentido a los grandes artistas del siglo pasado y son también las que definen El Lado B de la Cultura: Codazos, Descaro y Adulterio en el México del Siglo 20, autoría de Julia Santibáñez, quien lo define como “una crónica cultural de lo que no se habló el siglo pasado”.
Ya que como explica fue “un intento por mostrar esa historia secreta de la cultura, de los grandes actores que aparecieron en ella y que definieron, en cierta forma, el panorama mexicano en muchos sentidos”.
Para todos
Por ello no es de sorprender ver en este libro, editado por Reservoir Books, un recorrido por esos nombres casi legendarios que comienzan a perder esa pátina de oro, de escultura inamovible, para revelarse como lo que son: simples hombres que tuvieron en sus vidas mucha cola que les pisaran y que en su muerte no deja de crecer.
Como la del poeta Xavier Villaurrutia, que pasó su última noche en un prostíbulo o, si ya estamos en esas, el hecho de que el periodista Carlos Monsiváis vivía encerrado con sus gatos, quienes orinaban a diestra y siniestra en su hogar. Como estas hay muchas que nos recuerdan que “la cultura tiene una enorme riqueza que va más allá de la belleza pura, porque está también el secreto que no se cuenta”.
El Lado B de la Cultura es, también, un compendio lleno de humor socarrón y muy mexicano que recala en los huesos, ese que hace reír y reconocerse en el otro. A fin de cuentas somos mexicanos, como apunta Santibáñez, quien agrega que sin la risa, ya habríamos perdido muchas cosas, por ello recupera en esta crónica una serie de vidas que buscan atraer a las personas a conocerlas.
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El humor es una manera muy privilegiada de mirar la realidad, y eso nos lo enseñó Jorge Ibargüengoitia, porque el humor permite leer otras cosas más allá de un discurso muy sesudo que, seguramente, olvidaremos. Él fue el primero en quitarle la pátina de seriedad, la solemnidad a la cultura y eso permitió que después todo se encontrará en ese humor, en un lenguaje pícaro y en su jiribilla, como lo hicieron también Piporro y Tin Tán. El humor que metió a todos a una misma arena: la del juego, y está tiene que ver con la poesía.
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Eso, porque en este libro pensaba mucho en los chavos que nacieron, por ejemplo, después de los 2 miles, que no conocieron lo que pasó en el siglo 20 y que piensan que ni siquiera les importa, pero luego resulta que sí porque, tal vez, crecieron viendo las películas, escuchando la música o leyendo los libros de sus papás. Entonces traté de utilizar un lenguaje suficientemente llano y divertido para, ojalá, acercar a muchos chavos a estos personajes, temas y tramas que, creo, nunca pasan de moda. Porque el que estemos en el siglo 21 no significa que le haremos tábula rasa al siglo 20: hoy somos lo que el pasado nos permitió ser”, explicó a Zócalo en entrevista.
Recobrar a las mujeres
La autora sabe que los tiempos han cambiado y este nuevo ciclo, con sus movimientos sociales y cuestionamientos, son diferentes al siglo pasado, uno “eminentemente masculino”. Por ello, uno de los elementos más importantes de este libro es la recuperación del nombre de mujeres importantes en el siglo 20 y a quienes no se les dio la relevancia merecida.
Entre ellas están la escritora Inés Arredondo, la pintora Nahui Ollin, la intelectual María Asúnsolo, entre otras, pues como apunta la autora, tenía la necesidad de mostrarlas y cambiar los discursos que definieron un pensamiento pasado.
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Al comenzar a escribir el libro me cayó el 20 bien rápido y me dije ‘¡en la madre! No hay mujeres o las estoy poniendo muy de pasada’, porque al principio mencionaba a Elena Garro pero siempre con Octavio Paz, y me dije que no podía permitir eso. Por eso me flagelé, me tiré al piso y me puse el silicio, pero ya después me relajé y me dije ‘no es tu culpa, porque tú no las estás dejando fuera, fue el siglo 20 quien lo hizo’. Por eso tuve que hacer algo, que fue investigar mucho más para poder meter a más mujeres y que en cada capítulo esté presente el papel de una de ellas.
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Por eso hay capítulos enteros dedicados a alguna, siempre con una consigna: no dejar que el siglo 21 sea como el siglo 20, esencialmente masculino, sino equilibrar y comenzar a cambiar el discurso, dar a conocer a esas mujeres que hicieron un montón de cosas interesantes y que no tuvieron la relevancia que merecían”, concluyó la escritora.
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