Estimados lectores:
Que alegría es ser mujer, y quien por lo menos tiene a una mujer en su hogar, ya es una gran bendición.
Se cree por nuestra fe católica que Dios creó al hombre (Adán) al sexto día de la creación del mundo, y de la costilla del hombre creó a la mujer (Eva).
La etimología de la palabra mujer, no me gusta ni tantito, y creo que a ustedes tampoco, es en verdad un insulto.
Resulta que viene de la palabra del latín “Mulier”, que deriva de un adjetivo que significa “blando” o “aguado”, “blandengue”, hagan ustedes el favor, y dice que también “mullido y “molusco”. Esta explicación se basa y perpetúa la concepción de que las mujeres son el “sexo débil”. No puedo negarles que tengo que tomar aire varias veces, de impotencia ante semejante concepto de significado. Y sin miedo a equivocarme, seguro que la mayoría de quienes me hacen el honor de leerme, estarán de acuerdo conmigo, que de débiles no tenemos nada.
Somos el eje de nuestras familias, se nos fue dado lo más bello y sagrado… DAR VIDA dentro del útero. Es una experiencia maravillosa el empezar a sentir dentro de nuestro vientre ese pequeño latido, al recordarlo, no puedo evitar sonreír de felicidad, por esta bendición de haber podido dar vida a cuatro hijos.
Al pensar en la palabra mujer para mí, inevitablemente, se vienen rápidamente algunas mujeres muy importantes de mi vida que fueron mis pilares, mis abuelitas, mi madre, y la abuelita paterna de mis hijas, grandes mujeres admirables. Tengo la bendición de que mi madre esté aún con vida y con salud. Divino tesoro. Y mis tres hijas, yo misma, y por supuesto a la Virgen María.
¡MUJER, qué palabra tan fuerte! Y me permito dejarles el concepto de MUJER para mí: es un ser humano creador de vida, amoroso, lleno de ternura, y a la vez con una fortaleza que a pesar del dolor físico que le causa el dar vida a un hijo, lo asume como toda una mujer de fortaleza y llena de amor.
Es una educadora de principios, reglas y límites, que si es necesario se quita la comida de la boca para dársela a su hijo, que si fuera necesario da la vida por ellos y ellas sin dudarlo, y cuántas habrá en el mundo que lo hicieron, benditas sean.
Madres adoptivas de un alma llena de amor para esas criaturas que no pudieron quedarse con su madre biológica.
Trabajadoras incansables, enfermeras, cuidadoras, magas, que, al no contar con los recursos necesarios, hacen milagros con unos cuantos pesos. Como en la multiplicación de los panes.
Amante, ya que se caracteriza por dar el alma a quien ella decide, mujeres que aman demasiado. Creativas, guerreras, misericordiosas, altruistas, de carácter fuerte, ya que sólo así se puede sacar al ejército adelante (me refiero a los miembros de la familia) con esa fortaleza que es un Don divino, que, en las peores vicisitudes de la vida, saca la casta, lo mejor de ella.
Sacrificada muchas veces, se deja de lado, para darle paso a los hijos e hijas. Capaz de sacar adelante la principal empresa que es su hogar, y sin dudarlo empresas laborales fuera de casa. Resilientes, una y otra y otra vez. Emprendedoras, mágicas sin duda. Mujer bella.
Y hasta aquí la dejamos. Porque de verdad me quedo corta, pudiera uno escribir un libro completo de quiénes somos, todo menos débiles.
Eso quedó en el pasado, en la era arcaica. Ahora tenemos voz y voto. Hemos dejado de ser manipuladas, controladas, sobajadas, violentadas, muchas de nosotras.
Sigamos brillando como las estrellas, siempre con la frente en alto. ¿Que nos hemos equivocado? A eso venimos, a meter la pata y hasta el fondo, para poder evolucionar, para poder crecer.
No nos quedemos mirando, levantemos la voz para que sigan respetando nuestros derechos, sigamos generando amor, ternura, pero también sigamos fuertes con carácter para seguir abriendo nuevos caminos que nos ayuden a ser vistas como lo que somos:
MUJERES MARAVILLOSAS.
Y por favor ayudémonos mutuamente, no se vale tirarnos piedras, seamos solidarias, apoyémonos.
Y que nunca se nos olviden las grandes mujeres que somos, que no se nos olviden los nombres de las mujeres que nos ayudaron con sus vidas a ser vistas hoy en día.
Tú, mujer que me estás leyendo, te admiro, gracias por el gran esfuerzo que haces día a día para llevarle comida, vestido, educación a tus hijos, más aún si no tienes apoyo del papá.
MUJER, DIOS TE BENDICE.
Recibe un gran abrazo fraterno por este 8 de marzo, que honra a esas mujeres que murieron en esa fábrica, encerradas injustamente, por estar trabajando duro para mantener a sus familias, y ahí encontraron la muerte incineradas por sus jefes que las encerraron, una fatalidad e injusticia de esas 100 mujeres.
Y tantas en la historia del mundo que han sido víctimas de feminicidio, entre otras atrocidades y en manos de quienes dicen amarlas como su pareja. Pero no seamos nosotras mismas quienes nos bloqueemos unas a otras.
Hasta la próxima, su amiga y terapeuta,
Verónica. Diosito por delante.
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