“… la efectividad de la voluntad política ha revelado todo su potencial no solo en el arte de fundar un Estado desde dentro, sino también en el de manejar las relaciones internacionales.” A. Gramsci.
El pasado 22 de septiembre la Cámara de Diputados aprobó por mayoría calificada, en lo general, la iniciativa de reforma constitucional presentada por la Presidenta Claudia Sheinbaum para establecer el requisito de nacionalidad única.
De aprobarse el proyecto en el Senado, impediría qué los cargos de presidencia de la República, las gubernaturas de los estados y la jefatura de gobierno de la Ciudad de México fueran ocupados por mexicanos por nacimiento que contaran con una segunda nacionalidad.
Desde una perspectiva geopolítica, la doble nacionalidad de un jefe de Estado o de un jefe de gobierno plantea complejidades estructurales en torno a la soberanía, la lealtad jurídica y la seguridad nacional. Porque cuando se trata de quienes toman las decisiones y expresan la voluntad de un país, activa vulnerabilidades.
El vínculo jurídico y por tanto político simultáneo con dos Estados, pondría en duda la influencia o el compromiso que pueda llegar desde su otra nacionalidad. Esto es particularmente relevante cuando el mandatario posee la nacionalidad de una superpotencia o un vecino dominante que podría intentar ejercer presión merced a la lealtad constitucional.
Muchos marcos jurídicos internacionales prohíben de manera estricta la doble nacionalidad para algunos cargos. En México el artículo 32 de la Constitución lo hace de manera específica para las áreas del servicio exterior y los órganos de seguridad nacional e inteligencia y aún cuando la reforma sólo se refiere a los aspirantes a la presidencia, gubernaturas o jefatura de gobierno. Lo más sano sería ampliarla hacia los senadores quienes forman parte de la Cámara qué de acuerdo al 76 constitucional tiene facultades exclusivas en materia de política exterior y tratados internacionales así como en la ratificación de los nombramientos diplomáticos y autorizar el movimiento de tropas fuera del país.
No se trata de restringir derechos sino de proteger a la patria.
Dos nacionalidades compartidas
son a veces visiones diferentes
que cada una se inventa.
Dos nacionalidades compartidas
son humanidades distraídas
y naturaleza ausente.
Dos nacionalidades compartidas
son beligerancia inconsistente
y soberanía saboteada.
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