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| La revista Granta eligió a García-Junco como una de las mejores narradoras.

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‘Nada es más divertido que destruir aquello que amas’; ahonda en las relaciones del siglo 21

  Por Christian García

Publicado el lunes, 14 de febrero del 2022 a las 04:30


Explora Aura García-Junco la idea del amor romántico en la sociedad actual en su nuevo libro

Saltillo, Coah.-Quien salga hoy a la calle podrá observar globos metálicos que, con forma de corazón, escriben en mayúsculas “¡Te amo!” mientras flotan sobre las cabezas de una pareja que, casi con seguridad, sostiene al menos una rosa roja, símbolo de ese amor. A esto se le puede sumar reservaciones llenas en restaurantes y, ¿por qué no? Hoteles sin habitaciones libres.

Todo ello, apunta la escritora Aura García-Junco (Ciudad de México, 1988) es parte de “de la industria del amor”, concepto que nace cuando el mundo, y los amantes mismos, se dan cuenta de que su amor puede “hacerse público, ya no solo estar dentro de las casas”. Esa industria romántica impulsada por el capitalismo ha conformado, también, una visión casi única de cómo los seres humanos se relacionan y que se ha nutrido durante siglos por libros, películas y canciones, y que apuesta por una visión monógama de las mismas.

Esos productos, relaciones y hechos culturales son los que García-Junco disecciona en El Día que Aprendí que no sé Amar (Seix Barral, 2021). Un “antimanual para repensar los patrones que mantienen a la sociedad dividida en un binarismo violento que cosifica al otro y nos impide crear expectativas más realistas”, como apunta la contraportada del ensayo filosófico que ahonda en cuestiones como el poliamor, las formas de ligar en la actualidad, y la pornografía.

Este libro comenzó a escribirse de una forma “muy natural porque existimos y tenemos relaciones”, aún así no fue sencillo, pues la autora comenzó un autocuestionamiento.

 

Aristas corporales

Eso le provocó un montón de preguntas, según agrega, lo cual hizo que comenzara “la búsqueda de mi propio manual para amar”. Así inició “un proceso que me enriqueció muchísimo, porque a la vez que iba leyendo e informándome, me llenaba también de un corpus de herramientas para vivir mis propias relaciones, y a la vez mis relaciones y lo que veía, nutrían el libro”.

Entre esas cosas que la rodeaban y que la marcaron está el Ars Amatoria, libro del poeta latino Ovidio, donde se dan pautas a los hombres para hacerse de la mujer que se desea. Ante ello, García-Junco comenzó un análisis de los productos que han creado esa imagen casi universal de una pareja que envejece junta, pero también las violencias que esa visión patriarcal de las relaciones marcan en sus protagonistas. 

De la misma forma ahonda con un humor en temas como el sexo y el cuerpo femenino, el matrimonio o los cánones de belleza establecidos. Siempre con una mirada lúcida que no olvida las paradojas y contradicciones a las que se enfrentó de forma personal.

Para ella “hay una parte un poco dolorosa porque implica analizar el contexto y darte cuenta lo arraigada que está la concepción de cosas como el amor romántico, los ideales de belleza y la presión de verte de cierta manera; y cuando analizas qué tan profundo está el fenómeno en todas nosotras, nosotros, nosotres, es descorazonador hasta cierto punto. 

“

Pero hay otra parte que el libro intenta plasmar y que es darte cuenta de que las cosas a lo largo de la historia han cambiado muchísimo, y ahora hay cosas que indican que algo está sucediendo. A mí me interesaba que en el libro se mostrarán las dos cosas: no solamente una crítica que sonara pesimista y agria, sino también una serie de preguntas que podrían llevar, eventualmente, a un cambio,”, comentó la autora elegida por la revista Granta como una de las plumas mexicanas jóvenes más relevantes.

 

Capitalismo y amor

Para la escritora esa idea del amor romántico está íntimamente ligada al capitalismo y a la sociedad de consumo, pues como apunta en el libro, estas dinámicas “rigen nuestra vida cotidiana (y) no se quedan fuera del dormitorio, y así como se nos ha dicho que como consumidores merecemos lo mejor, una pareja siempre puede ser sustituida por otra cuando el muñeco (…) resulta defectuoso”.

Esa idea, señala, permea en el desconocimiento de las relaciones poliamorosas.

Para García-Junco “en el poliamor hay una polémica súper común que es la del policonsumo de cuerpos, que lo señala como una forma implícitamente capitalista de relacionarte, pero creo que hay varias cosas que decir al respecto. La primera es que aunque estés en una relación monógama, el capitalismo está en tu relación, porque está en tu vida y en nuestra constitución de ver el mundo. Desde el momento en el que consideramos que la única manera de sentir y demostrar afecto es por objetos o experiencias mercadotecniadas como tales, empezamos a andar los caminos del capitalismo.

“

Y sí, el poliamor o las relaciones no monógamas no están exentas de vivir en este mismo mundo. Por lo tanto es muy fácil caer en una explotación desmesurada de los cuerpos si no pones atención a qué estás haciendo, porque puedes hacer muchos traspasos poco éticos. Creo que el libro también intento hablar de eso, porque en una sociedad que es patriarcal y capitalista, nuestras relaciones van a ser patriarcales y capitalistas. Entonces la idea es cambiarlas y hay quienes ya lo hacen, pero también creo que es muy difícil salir de ellas”, dijo la autora de la novela Anticitera. Artefacto Dentado.

Pero así como esas ideas sobre las relaciones se han puesto en tela de juicio, también se ha hecho con numerosos autores y libros. Entre ellos el mismo Ovidio, que García-Junco utiliza, tacha e interviene en su libro. En un proceso creativo de crítica, pero también de amor.

Para ella es entendible “que haya una gran crítica hacia los autores clásicos. Yo misma lo ejerzo porque si bien, al final hay una carta de amor a Ovidio y sostengo mi amor por él me parece que es imposible, para mí, leer a los clásicos sin esas dosis de crítica. Por eso a mí me parecía necesario dejar en claro que para Ovidio yo no tengo nada más que amor”, aún así apunta que “la parte de tacharlo fue de mis favoritas en la escritura de este libro, porque era soltar la imaginación frente a los párrafos y ver qué puedo tachar, porque no hay nada más divertido que destruir aquello que amas… en este sentido, en la literatura”, concluyó.

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