Primero, una gran afirmación: el pasado reciente, en cuanto a la gestión gubernamental, es un verdadero muestrario de ineficiencia, desvíos y corrupción. Resulta una suerte de axioma el que los gobernantes le hicieron, por acción u omisión, mucho daño al país y a los mexicanos, y que los ciudadanos se sienten agraviados, resentidos. Es necesario que se haga justicia y que los excesos no queden impunes.
Ahora bien, el próximo domingo 1 de agosto, los mexicanos estamos convocados a participar en un plebiscito, una gran consulta popular, que algunos ilusos aún podrían suponer que se trata de esta promesa de la 4T de enjuiciar a los expresidentes.
Pero en realidad no es así, lo que se les preguntará a los ciudadanos es un verdadero galimatías, y cito “¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”.
A ver, muy rebuscado, muy ambiguo y, por lo tanto, el resultado, cualquiera que sea, estará sujeto a interpretaciones… pero ¿nos van a preguntar si queremos que se cumpla la ley? Que, si alguien cometió un delito, ¿lo pague? Cabría preguntar, más bien, si con tantos problemas y asignaturas pendientes, era realmente necesario el esfuerzo en tiempo y logística, además de esos 500 millones de pesos del erario público que se gastaron, para realizar este plebiscito, y para acabarla, justo cuando estamos en medio de la tercera oleada de Covid.
Tal vez hubiera sido más eficiente y realista –si efectivamente existiera voluntad política de reconciliar al país con su pasado reciente, en términos de justicia– si la Fiscalía se hubiera aplicado en investigar, armar expedientes, recabar pruebas, determinar si hubo o no delitos, fincar responsabilidades y proceder contra los culpables, detenerlos, vincularlos a proceso y que tras un juicio sean encarcelados.
Pero no, en este México mágico y musical se preguntará a los mexicanos si queremos que se cumpla la ley.
Quién sabe qué tanto se pueda avanzar a golpes retóricos, mientras la pobreza, inseguridad y media docena más de problemas, de los reales, siguen ahí, creciendo y condicionando la vida de cada vez más mexicanos.
En fin. En este navegar en las turbulentas aguas de la pretendida transformación, se brinca, cada vez en forma más evidente, de la esperanza a la sorpresa, y de ahí a la decepción.
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