“Algo que me sorprendió al entrevistar a docenas de exempleados de Purdue fue una neblina de negación colectiva. A pesar de la evidencia, muchos se creyeron por décadas las historias fabricadas por la empresa”.
Apenas un pequeño párrafo del gran libro Empire of Pain (Amazon, inglés), que narra la saga de los Sackler, la familia detrás de Purdue y OxyContin, el opioide que inició la epidemia de sobredosis que ha causado casi 800 mil muertes en Estados Unidos.
Terrible: los Sackler sabían desde 1997, apenas un año después del lanzamiento, que OxyContin tenía graves problemas.
Resulta que era muy fácil brincarse el mecanismo para la “liberación gradual” del opioide. Bastaba triturar una pastilla para recibir de inmediato la dosis total de un narcótico poderoso e híper adictivo.
¿Acaso corrigieron tras descubrir esto?
¡Ja! Al contrario. Promocionaron el opioide hasta el cansancio (vendieron 100 mil millones de píldoras entre el 2006 y el 2014) y gastaron una millonada en cabilderos y abogados para defenderse.
OxyContin era demasiado rentable. Imagínate, tan solo entre el 2008 y el 2017, los Sackler se repartieron ¡11 mil 800 millones de dólares en dividendos!
Al correr de los años, llegaron las demandas y la evidencia incontrovertible de los problemas de OxyContin. Los Sackler y sus ejecutivos top fueron realmente unos criminales. Sabían y no hicieron nada. Y muchos otros empleados cayeron en esa negación colectiva.
Negación. Un peligro latente en la política y en empresas que viven en la era de la disrupción.
“La negación siempre ha sido un problema. Lo que es diferente hoy es que su costo se incrementó. El mundo hoy no la perdona”, señala Richard Tedlow, profesor de Harvard.
Según el autor del libro Negación, esta es el rechazo de admitir y enfrentar la realidad. Es elegir -voluntaria o inconscientemente- un mundo donde los hechos se adecúan a lo que se desea y no a lo que es.
“Se encuentra en individuos, en equipos, en empresas, en industrias y hasta en países”, señala en el Harvard Business Review.
Recuerda a General Motors, Sears, JC Penney, Kodak, Blockbuster, Digital Equipment, la industria de medios impresos en Estados Unidos, Henry Ford y su modelo T negro o Mexicana de Aviación.
Todas víctimas de negación.
Y no hablemos de nuestros políticos, como el que hoy habita en Palacio Nacional, que vive en su propio mundo, donde sus creencias son más importantes que la fría y dura realidad.
¿Quién nota primero la negación? Los gerentes medios.
“Los problemas (u oportunidades) generalmente se presentan en el frente de batalla, no en el corporativo. Tristemente, muchas veces se castiga al que hace notar que existe un problema”, apunta Tedlow.
Basta recordar que Henry Ford despidió al primero que le advirtió sobre lo miope de su estrategia Modelo T negro: Ernest Kanzler, ¡el cuñado de Edsel, su único hijo!
Otros síntomas de negación: evadir en las juntas tópicos difíciles, criticar ferozmente cualquier novedad de la competencia o cambio tecnológico. El típico: “Eso es una zoncera, tiene cero chance de funcionar”.
La negación es un estado muy cómodo y, por eso, difícil de combatir.
De hecho, es la primera fase de la respuesta a una enfermedad terminal: negar su existencia. Pues igualito, a una organización saludable no le gusta escuchar malas noticias.
¿El principal antídoto a este cáncer? Escuchar. A voces disidentes, a los que analizan el mercado, a gerentes medios, a clientes.
Y, ojo, escuchar no significa vivir en perpetuo nerviosismo. No. Hay que filtrar, analizar. Pero si tras escuchar se percibe algo malo, actúa.
Cinco recomendaciones para evitar la negación:
-No esperar a una crisis para enfrentarla.
-La negación es la regla. ¿A todos les pasa menos a ti? ¡Ja! Ya vas mal…
-No asumir que todos usan el mismo lente para ver al mundo. En las diferencias están las oportunidades y amenazas.
-Es difícil llegar a la verdad. No te la dirán; hay que provocar que salga a flote.
-No “matar al mensajero”. Al revés, motivarlo.
Ojalá no necesites estos consejos. Pero si estás en negación, mientras más rápido despiertes, mejor.
En pocas palabras… “El retraso es la forma más mortal de negación”. C. Northcote Parkinson, historiador británico.
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