P or si acaso –que nunca fue así– la utopía sería más o menos de la manera que la contaré aquí.
A naya –Ricardo o Guillermo– apelaban a un gran acuerdo, si no mal recuerdo.
D e pronto –en esa utopía– surge un imprevisto: un exgobernador panista, que en el reclusorio pasaba lista.
R ecurrió, por cierto, no a un charlatán, se dejó llevar de la mano de un jurista, que alguna vez fue abanderado del PAN.
É se, justo el que hoy abandonó el cautiverio, pudo haber sido la moneda de cambio de un acuerdo con criterio.
S ólo que… ese “Memo” –el de Sonora– sí sabe con quién se asesora.
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