Arte

Publicado el sábado, 18 de octubre del 2025 a las 04:04
Ciudad de México.- Aunque atribuido como el único mural de Frida Kahlo (1907-1954), El Mesón de los Gurriones no salió de la mano de la pintora.
Hacia 1949, cuando está fechado, su salud había empeorado a tal punto que le habría sido imposible pintar en la cocina de la casa que perteneció a sus padres, Guillermo Kahlo y Matilde Calderón, y ahora funciona como el Museo Casa Kahlo, en Coyoacán.
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Ya estaba demasiado enferma como para subirse a una escalera”, opina la experta alemana Helga Prignitz Poda. “Ni siquiera pintó las paredes de su propia casa. Pintaba cuadros pequeños, nunca paredes”, añade.
Además de elaborar un catálogo de Kahlo, la historiadora del arte documentó también sus obras perdidas, destruidas o poco conocidas.
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La composición me parece artificial, preparada para esta instalación. Las gruesas ramas de magnolia sobre la puerta, cuyo origen sería ilógico y no tendrían sentido…”, añade Poda en entrevista.
Tampoco Luis Martín Lozano cree que haya sido ejecutado por Frida.
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(El año) 1949 sería una fecha en la que ya físicamente sería incapaz de pintar un fresco”, considera el historiador del arte.
Frida se sometió a numerosas cirugías por las secuelas del accidente del 17 de septiembre de 1925, cuando el camión en el que viajaba chocó contra un tranvía. Sufrió múltiples fracturas en la columna vertebral, pelvis, costillas y pie derecho, además de una herida abdominal grave.
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A partir del 44 es cuando empieza su salud a declinar gravemente. En el 46 le hacen la operación (de la columna vertebral) en Nueva York. Regresa y no queda bien. Y otra vez, porque tiene muchos dolores, es que acaba ingresada en el hospital inglés un año completo: del 50 al 51”, agrega Lozano.
Pero hay otro motivo, ajeno a la salud de la artista. Frida nunca dominó la técnica del fresco. Y lo que está pintado en la cocina del Museo Casa Kahlo es un fresco.
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Ahí no hay vuelta de hoja”, ataja el experto. “Realmente ella no tenía un conocimiento técnico para pintar al fresco. Y esta decoración está hecha al fresco”.
Los únicos dos intentos documentados fueron mal ejecutados o descartados por la propia Kahlo y datan de los años 30. Su amiga, la fotógrafa y pintora Lucienne Bloch, rescató uno de esos frescos de la basura: Autorretrato muy Feo (1933). Se vendió varias veces y en 2022, la casa Christie’s lo subastó por 8.63 millones de dólares.
Quien pintó El Mesón de los Gurriones, conocía bien la técnica. Eso garantizó que sobreviviera. Lozano considera que corresponde a la época en que está fechado. Pero no es propiamente un mural, al carecer de un “concepto, ideología o mensaje” sino una decoración al fresco.
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Eso no es una obra de arte, no tiene una intención estética, es un elemento decorativo, es una cenefa para un espacio. Hay que leerlo como lo que es”, asevera.
Sin embargo, Lozano cree que los elementos del fresco son consistentes con el universo artístico de Kahlo: los pájaros y listones que incluyó en cuadros como Unos Cuantos Piquetitos (1935) o en Frieda y Diego Rivera (1931), el árbol de toronjo plantado en la casa familiar.
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El toronjil está vinculado al árbol bíblico del conocimiento, un simbolismo que el padre de Frida, un botánico diletante, enseñó a sus hijas”, expone. Identifica ese motivo en Dos Mujeres (Salvadora y Herminia), cuadro de 1929. Otro segmento de la decoración incluye bugambilias.
Aunque Poda discrepa sobre la composición, al considerarla “artificial” y “preparada para esta instalación”.
Lozano opina distinto: la consistencia de motivos con el universo de Frida y los intereses botánicos de Guillermo Kahlo, heredados a sus hijas y que explicarían las flores en los cuadros de la artista, le hacen suponer que el fresco es obra de sus alumnos.
La existencia de El Mesón de los Gurriones, un juego con la palabra gorrón, por los visitantes inesperados que llegaban a la casa, ya era conocida por el historiador del arte. Hace un par de años pudo verlo antes de ser consolidado y regresó un año después, cuando un equipo de restauración trabajaba con el segmento de Las bugambilias.
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Esto se lo encuentran de milagro”, agrega Lozano, al estar oculto bajo varias capas de pintura blanca. Apareció al raspar las paredes, durante la restauración de la casa que “se estaba cayendo”. “A pregunta expresa: esa decoración sí es auténtica, es de época”, ataja el historiador del arte. “Hicieron bien en rescatarlo y no destruirlo”.
Lozano considera que la apertura del Museo Casa Kahlo supone una fuente rica en información.
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Va a hacernos revisar muchas cosas”, apuesta.
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