Seguridad
Por
Pedro Martínez
Publicado el viernes, 18 de marzo del 2011 a las 15:00
Saltillo, Coah.- Lágrimas de dolor e impotencia mandaba al cielo cada vez que era atacada, aquellas que no sólo buscaban la clemencia de sus captores, sino una libertad que cada día era imposible de alcanzar.
Es la voz de la jovencita de tan sólo 15 años que fue presa de las aberraciones más crueles por parte de cuatro personas, entre ellas dos mujeres, quienes después de secuestrarla en la colonia Pueblo Insurgente, fue objeto de un sinfín de ataques.
“Cada vez que lloraba me golpeaban muy feo las mujeres (Susi y Gloria)”, dijo la joven a Zócalo Saltillo en una breve entrevista a las afueras de su domicilio.
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Todavía con la ropa de dormir, sólo con un short color azul y una pequeña blusa, Karla (como la llamaremos) abrió la puerta de su humilde casa para recibir a este medio, no sin antes pedir el permiso de su mamá.
“¿Aquí afuera está bien?”, preguntó la madre, por lo que cobijados bajo la sombra de un camión de transporte de personal, a sólo unos metros de la casa color verde, comenzó a relatar la triste historia.
“Duró 10 días perdida; no sabía qué hacer; ¿dónde estaba? ¡No sabía!”, manifestó la mamá de Karla, quien todavía reflejaba en su cansado rostro los estragos de aquella desesperación.
Pero su hija, la joven de 15 años, interrumpió el relato casi a gritos de su madre, pues en un tono serio, acompañado de una nerviosa sonrisa, dio el primer episodio de la historia:
“Fue el 4 de marzo, creo que eran como las 10 de la noche, pues yo había asistido a un convivio a la Iglesia de San Marcos y a esa hora más o menos salí”, comentó la niña, quien ese momento se separó del camión en el que se encontraba recargada para situarse a un costado de su madre.
Un amigo, contó la menor, la invitó a subirse a su auto, para después dirigirse a su casa en la colonia Pueblo Insurgente, acción que tomó sin miedo, sin saber que minutos después iba a comenzar una historia que quedaría grabada por siempre en su mente.
“Mi amigo me dejó a una cuadra de mi casa, pero en eso una camioneta color verde (al parecer Chevrolet) me dijo que me subiera, porque según ellos eran amigos de mi papá. Yo no quería porque ya iba a la casa”, expresó, pero se detiene, ve al cielo y los recuerdos de aquel día vuelven a su memoria.
Tomada a la fuerza de uno de sus brazos, Karla fue puesta en medio de dos personas (una mujer y hombre): “Somos amigos de tu papá (José Antonio Moncada Sosa), él nos pidió que viniéramos por ti”.
» Ante la Agencia Receptora de Denuncias del Ministerio Público, la joven, acompañada de su mamá y sus tías, interpuso la denuncia por el delito de atentados al pudor, lesiones y privación ilegal de la libertad, por lo que será en las próximas horas que se inicien las investigaciones sobre el caso, el cual será llevado por los agentes del Séptimo Grupo de Delitos Familiares de la Fiscalía General del Estado. Posteriormente, según la familia, se comprobó que el padre de la menor no tuvo nada que ver en los hechos.
“En ese momento ya no sentí nada; No recuerdo nada de cuando me subieron a la camioneta”, subrayó con impotencia. En el camino sus ojos se abrieron en momentos, sólo veían flashazos de la turbulenta vereda; estaban neblinosos como si algo hubiera entrado a su cuerpo y le hubiera provocado aquellas confusas visiones.
De pronto despertó; se encontraba tirada en el piso de un cuarto y amarrada sólo de sus manos, volteó y comenzó a llorar.
“Cada vez que lloraba las mujeres me golpeaban con la mano cerrada; sólo escuchaba que decían: ‘Está llorando, le voy a pegar’”, contó la joven.
Aunque algunos de sus recuerdos son vagos, Karla mencionó que se encontraba en una casa en las faldas de un arroyo, al parecer de la colonia Águila de Oro.
“Fueron 10 días, me atacaron y abusaron de mí muchas veces los dos hombres que estaban en la casa”, señaló y sus ojos comenzaron a delatar sus ganas de llorar. “En una ocasión uno de ellos me dejó hablar a mi casa, pero me puso una pistola en la cabeza”.
La comida no era escasa, contó, pero sus ganas de comer eran nulas, pues cada plato puesto en el piso a sólo unos metros de sus piernas era desechado por ella, pues el asco que sentía era inevitable.
“Pensaba que habían echado algo a la comida, por eso no me la comía”, indicó la jovencita.
EL ESCAPE
Era noche y sus captores (Chuy, Gloria, Susi y “N”) decidieron salir a comprar algo para cenar. “Fue el 14 de marzo y los cuatro salieron para comprar comida, pero se les olvidó algo: cerrar la puerta de atrás”.
En ese momento sólo se le vino a la mente escapar, por eso alzó sus muñecas hasta su boca y comenzó a carcomer la cinta con la que fue amarrada.
“La rompí, salí por la puerta de atrás y comencé a correr, salté varias tapias y seguí el camino del arroyo; ¡No aguantaba mi cuerpo! ¡Sentía que me iba a caer debido a que estaba muy golpeada!”, puntualizó. “Seguí caminando hasta que una señora me ayudó”.
Sus golpes en rostro, piernas y brazos movieron a la mujer, pues no podía creer que una niña caminara por la noche brutalmente golpeada por un arroyo. Ya estaba en Mirasierra.
“Me llevó con un tío que vive en Mirasierra, ahí le hablé a mi mamá y le conté todo, y me llevó a la Cruz Roja”, dijo.
LA ESPERABAN
De regreso a su casa, Karla se dio cuenta de que los dos hombres que en repetidas ocasiones abusaron de ella se encontraban en la esquina de su casa a bordo de un vehículo.
“Ese día los hombres estaban aquí; mi tío los vio y agarró unas piedras y se las aventó, por lo que se fueron”, concluyó. “Todos los días tengo pesadillas, duermo muy poco, porque siento que alguien me está viendo”.
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