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Coahuila

No dejes para mañana

Por Irene Spigno

Hace 4 dias

Querida amiga, querido amigo:

Ayer tuve que tirar a la basura una pieza de “bottarga”. Para quien no ha tenido la suerte de conocerla, la “bottarga di muggine” es uno de los productos más preciados de la gastronomía de Cerdeña, mi tierra natal.

También conocida como “caviar del Mediterráneo”, consiste en las huevas enteras de mújol curadas: normalmente se sirve rallada o en finas láminas sobre la pasta o sobre pan tostado con aceite de oliva, y también puede acompañar platos de mariscos. Tiene un sabor muy intenso y salino: para mí, sabe a mar.

Es un producto que no se encuentra fácilmente fuera de Cerdeña: yo la traigo cuando voy a visitar a mi familia o alguien me la trae cuando viene de allá.

No es, en definitiva, algo que pueda ir a comprar todas las semanas al supermercado. Además, es un alimento que me gusta muchísimo y es precisamente por esas dos características –porque me gusta muchísimo y porque no es fácil conseguirla aquí en México– por las que llevaba tiempo guardándola: cada vez que la veía en el refrigerador pensaba en comerla, pero decidía que mejor no. Prefería dejarla para otro día, en espera de alguna ocasión especial.

Esa ocasión especial nunca llegó, pero la fecha de caducidad sí. Este episodio que les estoy compartiendo me permitió reflexionar sobre algo que hago –y que quizás ustedes también hacen– muchas veces con muchas cosas.

Probablemente guardamos una botella de vino especial, un vestido que nos encanta, unos zapatos demasiado bonitos para un día cualquiera. Dejamos para otro momento una conversación, un mensaje, una llamada, una experiencia.

Hay cosas que nos gustan tanto que, en lugar de disfrutarlas, las ponemos en pausa por miedo a que se estropeen, se arruinen o se acaben.

Quizás sea porque asociamos el disfrute con algo que todavía no tenemos y que proyectamos hacia el futuro: cuando termine todos los pendientes de trabajo que tengo, cuando tenga tiempo libre, cuando baje de peso, cuando tenga pareja, cuando tenga más dinero, cuando las cosas estén más tranquilas.

Esperar a tener una vida con las condiciones que consideramos ideales significa convertir el presente en una sala de espera. Tarde o temprano llegará nuestro turno, pero ¿qué hacemos mientras tanto?

Quizás deberíamos empezar a invertir la lógica y dejar de pensar que necesitamos que todo esté resuelto o que pase algo extraordinario para empezar a disfrutar y entender, en cambio, que muchas veces es precisamente cuando disfrutamos que convertimos en extraordinario nuestro presente.

Y así, arreglarnos un día cualquiera de la semana. Abrir una botella de vino reserva sin tener invitados. Comprar flores sin esperar que nadie nos las regale.

Comer la “bottarga” sin que sea domingo. Tomarnos una tarde libre para ver una serie, aunque queden muchos correos por contestar.

En Italia tenemos el refrán “Non lasciare a domani quello che puoi fare oggi”. Significa: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Siempre lo he entendido desde la responsabilidad: no procrastines, cumple, resuelve, trabaja. Pero quizá existe también otra manera de leerlo: no dejes para mañana lo que puedes disfrutar hoy.

Probablemente mañana no será el último día, pero las circunstancias pueden ser distintas. Ese vestido puede ya no quedarnos.

Quizás esos zapatos ya no nos gusten. Puede que ya no sea posible hacer ese viaje que llevamos años posponiendo. Y la “bottarga” puede haber caducado.

No se trata de vivir como si no hubiera un mañana, porque también hay que ser responsables con nuestros compromisos. Se trata más bien de dejar de esperar una ocasión especial para disfrutar y empezar a pensar que hoy también lo es.

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